El realizador de Siempre hay un chileno sigue en ese país
Relata que un árabe que no conocía lo invitó a un restaurante, que la comida salió 300 lucas y él pagó todo.
La suerte acompañó al comunicador para evitar esos atentados. A pesar de que su primera planificación consideraba partir por Riad, comenzó su visita en la ciudad de Medina. Ese cambio evitó que pisara el aeropuerto atacado justo el día de la explosión.
«Pese a todo, el país está tranquilo y el problema está sólo en los aeropuertos», dice, justo en momentos en que su programa debuta con otra temporada en Canal 13, este miércoles.
Pero igual existe una complicación de marca mayor: los aeropuertos figuran cerrados e impiden que viajeros como Kiwi puedan trasladarse de un lado a otro. «Terminar esta temporada ha sido una odisea», explica desde la ciudad de Yeda, con la esperanza de que abran el terminal aéreo e iniciar el camino a Chile.
Dentro de tanta inquietud, ha tenido tiempo para descubrir cómo son los árabes con sus visitantes. «Arabia Saudita se ha propuesto convertir al país en el quinto destino turístico más popular. En su territorio están los lugares más sagrados para el islam. Considerando que en el mundo hay más de 2.000 millones de musulmanes que anhelan visitar esos sitios al menos alguna vez, es un potencial enorme. Además, son increíblemente hospitalarios con los extranjeros», afirma Kiwi.
Deme un ejemplo, por favor.
«Acá no te dejan pagar la cuenta, se pelean por pagarla ellos».
Qué maravilla.
«Pero es que como producción nos gusta pagar a nosotros. Hoy (martes) conocí a un árabe, nos hicimos amigos de nada y fuimos a comer a un local. La cuenta salió 300 lucas y él pagó todo».
Entre los chilenos que ha conocido en Arabia Saudita, Marcelo Kiwi destaca el caso de Benjamín Benavente, un santiaguino que siempre quiso ser técnico de fútbol. Se especializó en Inglaterra y luego consiguió trabajo en oriente como entrenador de un equipo femenino.
¿Pero no son muy machistas los árabes? ¿Juegan con la vestimenta de una futbolista occidental?
«Sí, acá se les considera como chicas rebeldes ante la cultura local. Existe un cambio en la sociedad, pues hasta hace sólo cinco años las mujeres no podían ni siquiera conducir un auto».


