La historia de dios y el diablo en Chile habla de María de Encío, abuela de la Quintrala
En 1579, se le acusó de herejía, leer la mano y comer carne los sábados.
Ya a la venta, el libro «La historia de dios y el diablo en Chile» recopila eventos macabros, esotéricos y personajes tan célebres como la Quintrala y el Padre Hurtado. El autor, César Parra, trae al presente una escalofriante versión de la historia de la primera mujer juzgada por brujería en el país.
«Su nombre fue María de Encío, llegada desde España en 1549. Como dato interesantísimo, fue abuela de la Quintrala», menciona el autor. Arribó como amante de Pedro de Valdivia, pero luego ella se casó con Gonzalo de los Ríos. Junto a su esposo formaron una de las familias más ricas del reino. En 1579, María cayó en desgracia luego de ser acusada de hechicería y fue trasladada a Perú donde pasó cuatro años en las prisiones de la temida Inquisición.
«María de Encío fue víctima de denuncias malintencionadas, muchas de las cuales carecían de fundamento, obra de enemigos de su marido. Por más de cien años, a raíz de una interpretación dudosa de los registros históricos, ha quedado para algunos como una mujer ambiciosa, mientras que otros sectores la ven como la primera feminista», comenta Macarena Cordero Fernández, profesora U. de Los Andes e investigadora responsable del ANID Fondecyt Regular 1250349. Ella revisó en España los registros físicos del proceso llevado en contra de la mujer.
¿Pero de qué se le acusó?
«Los cargos daban indicios de ser sospechosa de herejía. Según los testigos, la sospechosa había dicho que cualquiera por salvar la vida de un hombre se podía perjurar. O sea que todo ser humano haría lo permitido o no por salvar la vida de otro».
¿Qué más, Macarena?
«Se decía que había blasfemado mientras azotaba a unos indios, a quienes hacía trabajar en los días de fiesta y que no le importaba comer carne los viernes y sábados. También los testigos afirmaban que leía o miraba las líneas de las manos y que creía en sueños. Se relataban que permitía que las indias realizasen bailes diabólicos, lo que podía constituir un pacto con el demonio y, por tanto, podía ser considerada cómplice de aquello».
Los cargos incluían que justificaba el aborto en caso de «una mujer casada o doncella honrada, para la cubrir su fama sintiéndose preñada y no de su marido».
Los antecedentes fueron recopilados en Chile y luego revisados en Lima donde comenzó la investigación. «Ella fue muy inteligente en cómo se defendió. Captó quienes habían declarado en su contra, pese a que era secreto. Supo que eran unos indios de La Ligua y un fraile dominico», dice Cordero.
Tras cuatro años en prisión, María fue dejada en libertad previo pago de una cuantiosa multa y penitencia. Volvió a Chile y siguió con su vida. Macarena Cordero asegura que los antecedentes del caso han sido malinterpretados luego que el historiador José Toribio Medina transcribiera erróneamente los antecedentes. «Medina y Benjamín Vicuña Mackenna aseguraron que era hechicera, que había tratado de matar a su marido, lo que no está en ninguna fuente de la época».


