Al sucesor de ¡Hay que decirlo! le está costando tomar vuelo.
Hay programas que cambian de nombre (y hasta de canal) y siguen siendo básicamente lo mismo. «Venga conmigo»/»Siempre contigo». «Así somos»/»La noche es nuestra». «¡Hay que decirlo!»/»Alfombra roja».
En este último caso los «históricos» que se mantuvieron tras las «drásticas» modificaciones fueron Ignacio y Cecilia Gutiérrez, Nelson Beltrán («el colombiano»), el abogado Claudio Valdivia y el notero Álvaro Reyes («Nacho Pop»). También hoy forman parte de AR Marcela Vacarezza, Isidora Ugarte y César Antonio Campos, que aparecieron en la formación del HQD recién en la fase final de ese espacio, la etapa de «casting al aire».
Veamos los restantes movimientos. Con la salida de Pamela Díaz y la llegada de Millaray Viera el programa ganó en clase y fluidez verbal. Mario Velasco entró por Manu González y Francisca Merino por Alexandra Silva. El primer caso es el de un conductor acomodándose a la función de un panelista y el segundo, el de una comediante no asumida, a la que le sigue penando la ausencia de su legendario partner en SQP, Felipe Avello.
Otra novedad es César Fuenzalida, que brilla desde los móviles, con un estilo «CQC» muy acertado.
No pasaron la prueba ni Willy Sabor ni Laura Prieto ni Matías Vega ni Cuco Cerda. Gissella Gallardo se había ido antes, víctima de bullying.
Entonces cuando mi editora me dice que comente «Alfombra roja» yo pienso más bien en la segunda temporada de «¡Hay que decirlo!». Y no puedo evitar encontrar este panel más desequilibrado (no en términos mentales, sino televisivos) que el del primer ciclo.
Es como esos equipos en que hay tres titulares con las mismas características, con los tres manejando la misma pierna y los tres ocupando el mismo sector de la cancha (Marcela, Pancha e Isidora, las tres voces cuicas y opinantes).
Falta el quiebre humorístico. A «Alfombra roja» le llora, pero a mares, el desopilante y preciso aporte de Willy.
No son muy dados en AR a darle el crédito al trabajo periodístico de otros medios cuando corresponde. Por ejemplo, el mismo día en que mi amiga personal, Caco Saavedra, golpeó con la entrevista a Mauricio Pinilla en este panel comentaban muy sueltas de cuerpo que el exfutbolista y actual desmembrador de canciones «no ha hablado».
Y hay, por qué no decirlo, una cuota importante e indisimulada de machismo. A Pancha la estrujaron con el tema de las acciones legales que ha interpuesto contra ella su expareja, Andrea Marocchino. Del esposo de Nacho, demandado por negligencia médica, ni una sola palabra.
Había que decirlo y se dijo.


