«El payaso aquí es él, no yo»: Lula y Bolsonaro se enfrentan duramente en polémico debate presidencial

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Candidatos se corretearon en medio de acusaciones recíprocas de corrupción

Según un estudio de Quaest, Flávio obtuvo 82 puntos y Lula 79, en una escala de 0 a 100.

Una de las claves del debate presidencial que el domingo enfrentó en Sao Paulo a Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, con el senador Flávio Bolsonaro, fue su formato. La opción de que los candidatos se bajaran de sus podios y caminaran por el escenario terminó por dar a la confrontación un ambiente caótico y poco útil para el votante indeciso, ya que la forma acabó opacando en buena medida al fondo, según publicó BBC Brasil.
Lula vistió traje negro y una corbata con los colores de la bandera brasileña; Flávio, traje azul oscuro sin corbata.
Sobre un escenario de un sobrio negro, ambos se desplazaron de un lado a otro. El momento más tenso llegó cuando Flávio se ubicó detrás de Lula y gesticuló a sus espaldas mientras este hablaba, lo que arrancó risas del público y descolocó al presidente. «El payaso aquí es él, no yo», reclamó Lula, y la moderadora Adriana Araújo tuvo que intervenir. La escena se repitió en el cierre: Araújo detuvo el reloj y pidió a Flávio que dejara al presidente hacer sus consideraciones finales.
El debate, transmitido por la cadena Band desde sus estudios en Sao Paulo, fue el primero entre ambos en toda la campaña y se realizó una semana antes de la segunda vuelta del 25 de octubre (https://s.lun.com/yotrdg). En la primera vuelta, el 4 de octubre, Flávio obtuvo el 47,03% de los votos válidos y Lula el 45,16%. Las encuestas muestran un empate técnico: Datafolha (15 de octubre) daba 51% a Flávio y 49% a Lula, mientras que Vox Brasil (18 de octubre) da 51% a Lula y 49% a Flávio.
El contenido estuvo marcado por acusaciones recíprocas de corrupción. Flávio vinculó a Fábio Luís, hijo de Lula conocido como Lulinha, con un fraude de los descuentos indebidos a jubilados del Instituto Nacional de Seguro Social (Inss). Se apoyó en la empresaria Roberta Luchsinger, investigada por la Policía Federal, quien dijo a CNN Brasil que hacía negocios con él y que busca una delación premiada: «Lula, mejor no metas las manos al fuego por tu hijo, porque ella dijo que tu hijo es su socio». Lula respondió: «Si hay una investigación, si hay un problema, se va a investigar. Sea mi hijo, mi hermano, quien sea».
Lula, a su vez, acusó a Flávio de haber negociado 134 millones de reales con el banquero Daniel Vorcaro, del Banco Master, para financiar «Dark Horse», una película sobre Jair Bolsonaro. Según la Policía Federal, cerca de 62 millones se transfirieron efectivamente, en operaciones bajo sospecha de lavado de dinero. «¿Qué hiciste con esa plata? ¿Qué hiciste? Explícalo nomás», lo emplazó Lula. Flávio dijo que el dinero fue para la película «del mejor presidente de Brasil que ha existido» y le reprochó su propia reunión con Vorcaro. El presidente remató: «Ustedes lo hicieron banquero y yo lo hice preso».
En economía, Flávio culpó al gasto público del endeudamiento de las familias y prometió que el Estado compraría deudas a los bancos para renegociarlas. «¿Cuánto tiempo hace que no guardas un pedazo de carne en tu congelador, porque simplemente ya no hay carne en tu casa?», preguntó. Lula respondió que la inflación de los alimentos fue de 56,17% con Jair Bolsonaro, contra 13% en su mandato, defendió los reajustes del salario mínimo por sobre la inflación y le preguntó a su rival si seguiría el modelo de Javier Milei, cuyas tijeras gigantes el senador exhibe en campaña. Flávio esquivó la pregunta y contraatacó con los «amigos» de Lula: Daniel Ortega y Nicolás Maduro.
En seguridad, el senador prometió declarar narcoterroristas al PCC y al Comando Vermelho, y construir más de medio millón de plazas carcelarias. Lula ofreció crear un Ministerio de Seguridad Pública si el Senado aprueba su reforma constitucional. Flávio explicó además su giro sobre el fin de la jornada laboral de seis días por uno de descanso, que antes tildaba de electoralista y que votó a favor el miércoles: «Soy una persona que, si la convencen, puede mejorar su opinión».
En lo social, Flávio prometió llevar al sistema público de salud la telemedicina y la inteligencia artificial, y Lula le preguntó dos veces si quería privatizarlo. El presidente sostuvo que la mitad de las 716.000 muertes por covid-19 se podrían haber evitado. Flávio entregó un inesperado mea culpa («la salud no fue un área en la que tuvimos el mejor resultado»), pero lo cerró con una pulla: Lula se vacunó con dosis compradas por el gobierno de mi padre. «¡Hay Bolsonaro dentro de Lula!».
La relación con Estados Unidos fue otro frente. Lula acusó a la familia Bolsonaro de presionar a Donald Trump para imponer aranceles a Brasil, le pidió aclarar si entregaría las tierras raras del país a Washington y cuestionó su promesa de sumarse al Escudo de las Américas, la alianza de seguridad de Trump. Flávio respondió que viajó a Estados Unidos a defender a las empresas brasileñas y que la alianza busca combatir el narcotráfico, pero no aclaró qué pasaría con las reservas minerales.
En su cierre, Flávio se dirigió a quienes, según él, sufren presiones políticas en sus comunidades: «Puedes votar tranquilo… porque el voto es secreto».

Según un estudio cualitativo de la consultora Quaest, Flávio obtuvo 82 puntos y Lula 79, en una escala de 0 a 100.

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