Claudio Borghi zanja la discusión histórica planteada por la prensa catalana
El ex jugador y actual comentarista sitúa el hito en un partido amistoso jugado por Colo Colo ante Estudiantes de La Plata.
Hace algunos años, Diego Maradona lo dijo con todas sus letras: «El Bichi Borghi hace mejor que yo la rabona».
El aludido Claudio Borghi recuerda por cierto la alabanza de su ex compañero en la selección argentina campeona del mundo 1986, pero precisa: «Eso lo dijo de buena persona que era. Diego hacía en una cancha todo mejor que todos».
Borghi, en todo caso, es una voz más que autorizada para hablar de una de las jugadas técnicamente más complicadas de realizar en el fútbol y que en las últimas horas revivió en la figura de Lamine Yamal, el jugador de Barcelona que le agregó a la rabona un anexo: un amague antes de su concreción y que, según Mister Chip, un reconocido estadístico, fue un invento total del atacante español.
«No es verdad eso que dijeron en España», señala con seguridad el actual comentarista de TNT Sports, Radio Futuro y Picado TV. «A Mati Fernández le vi hacer la misma rabona con amague previo de Lamine Yamal hace 20 años».
Usted fue entrenador de Matías Fernández en Colo Colo y en la Selección. ¿En qué momento sitúa el hito preciso?
«Fue en un partido amistoso de Colo Colo en Rancagua ante Estudiantes de la Plata. Ganamos 4-1. Fue tan llamativa esa jugada donde amaga la rabona y después la realiza que la gente de Estudiantes alegó que Mati se estaba burlando. Yo les tuve que decir ahí que no, que él jugaba así, que inventaba».
Usted fue DT de Fernández y también bueno para hacer rabonas. Se puede concluir que usted le enseñó a hacerla.
«No, para nada. Desde cabro chico que él hacía la rabona y cuando yo lo tomé como entrenador, nunca le dije cómo hacerla. A lo más le habré dado algún consejo para perfeccionar algún detalle, tal como lo hice con Mauricio Cataldo cuando fui su compañero en Audax. Pero esto no se enseña. A mí tampoco me enseñaron a hacer la rabona. Sólo me acuerdo que cuando chico se la vi hacer a un jugador de Independiente, pero ni me acuerdo a quién. La practiqué solo y luego la utilicé en la cancha, tal como el Mati y Catita».
En España, entonces, demuestran desconocimiento.
«No es algo que me sorprenda. Los jóvenes siempre creen que las cosas empezaron con ellos. Y en el fútbol pasa mucho. Ven jugar a un equipo con cierta distribución táctica y hablan de revolución. Y lo más probable es que ese mismo dibujo lo usó alguien hace 40 ó 50 años».
Está siempre la discusión si la rabona es un lujo o una necesidad. ¿Qué es, en definitiva?
«A nivel personal puedo decir que es una necesidad, una opción para resolver una jugada. Yo no tenía zurda, de hecho, creo que en mi carrera sólo hice dos goles de izquierda, y por eso la rabona me ayudaba a concluir una jugada con el pie derecho, que era el bueno».
Usted en Chile fue aplaudido y criticado por hacer la rabona. En lo primero, en un pase magistral a Hugo Rubio. Y en lo segundo, en un rebote en un penal que le atajó Sergio Vargas en un clásico. ¿Decidió bien en una y mal en la otra?
«Simplemente decidí y me salió bien y mal. Yo a la cancha entraba sólo viendo triángulos y cuadrados y sólo quería que en esos espacios le llegara la pelota a algún compañero o pudiera marcar un gol. Nunca entré a una cancha pensando en hacer una o diez rabonas. Se daba nomás».
¿Esta es una jugada que tiene que ver con un talento natural o el algo que se puede aprender?
«Debe haber primero un talento y, a partir de ahí, se perfecciona».
¿Cómo se perfecciona?
«Hay que aprender a pararse bien, equilibrarse con los brazos y a pegarle con el empeine porque de puntete no sale. O sea, hay que tener fuerza, equilibrio y técnica».
Y cuando se tiene todo eso ya no se olvida más.
«No se olvida. Pero con los años uno va perdiendo ciertas cosas. Yo ahora no podría hacer una rabona de 40 metros. Sigo sí viendo triángulos y cuadrados en la cancha. Tengo habilidades que aún conservo. Yo ahora juego golf y tengo equilibrio, aunque ojalá se pudiera jugar con los pies porque de manos con los palos soy medio torpe y me cuesta dejar la pelotita muy lejos».


