La política regulatoria está basada en el principio de quien contamina, paga
En Noruega, casi el 100% de los autos nuevos son eléctricos. En otros países también venden bien, pero ¿Cómo lo logró el país nórdico para subir su parque cero emisiones? Una historia de décadas, un grupo Pop, regulaciones de largo plazo y una matriz energética limpia explican este caso de éxito.
Para muchos, el avance de la electromovilidad es algo reciente, un atisbo al futuro. Pero la verdad es que hace 138 años, en 1888 ya circulaba por calles alemanas el Flocken Electrowagen, abriendo una disputa entre eléctricos y autos a gasolina, hasta la primera década del siglo XX, con la invención del motor de combustión con arranque eléctrico, la producción en cadena y el desarrollo de una red de expendio de combustibles.
Por décadas la suerte parecía echada para los autos eléctricos, pero pequeñas chispas se encendieron en 1995 con el Peugeot 106 Electric. Creció con el recordado Mitsubishi i-MiEV, de 2010, que a nivel global demostró que la alternativa era válida.
Hoy la situación es muy diferente. En países como Noruega, por ejemplo, la penetración anual llega hasta un 95,9% de los autos vendidos. Y la tendencia sigue aumentando, ya que en el registro hasta agosto de 2026 llegó al 98,2%, según datos de ICCT (The International Council on Clean Transportation).
Aunque Noruega es líder y un caso claro de éxito, son varios los países del Viejo Continente en especial los nórdicos que muestran altas ventas en BEV. Dinamarca llega a una penetración del 80%. Finlandia cierra el podio con un 52%.
Escenarios eléctricos
Las razones radican, en primer lugar, en una política regulatoria basada en el principio de «quien contamina, paga». No solo se limitan a algunos subsidios. Naciones como Noruega o Dinamarca estructuraron una fuerte asimetría tributaria. Dicho de otra manera, los automóviles de combustión cargan con gravámenes de emisiones de CO2 que casi duplican el precio final del auto.
Por su parte, los eléctricos gozaron de amplias exenciones arancelarias y de IVA, sumadas a beneficios cotidianos como rebajas en peajes, transbordadores y acceso a pistas exclusivas. Es decir, movieron el ecosistema completo hacia la meta de cero emisiones.
Así, prohibiendo trabas comunitarias en edificios residenciales e impulsando métodos de pago universales. A ello se suma la matriz energética, hidroeléctrica en el caso de Noruega y eólica en Dinamarca. Cómo se ve, un esfuerzo, conjunto coordinado, que por cierto duró décadas.
Cronología verde
Ya en 1989 activistas ambientales noruegos, acompañados por banda A-ha, importaron un Fiat Panda convertido a propulsión eléctrica y cruzaron reiteradamente los peajes de Oslo sin pagar para visibilizar el vacío regulatorio. El revuelo mediático forzó la respuesta del Parlamento, que en 1990 aprobó la exención total del arancel de importación y matriculación, un tributo que históricamente encarecía los vehículos a gasolina en cerca de un 50%.
A partir de allí, el país estructuró una hoja de ruta sostenida y blindada ante los cambios de gobierno. Hitos determinantes como la eliminación de peajes en 1997, el libre tránsito por pistas de buses y, sobre todo, la histórica exención del 25% de IVA introducida en 2001 lograron equiparar el valor de los autos eléctricos, frente a los tradicionales.
Esta ventaja competitiva se consolidó a partir de 2010 mediante acuerdos climáticos multipartidistas, financiamiento estatal para una red de carga rápida cada 50 kilómetros y la consagración legal del «derecho a cargar» en edificios compartidos.
Independencia energética
La cosa es que no sólo se trata de ventas de autos. Hoy para Europa adquiere un tinte cada vez más estratégico. «Las ventas de autos eléctricos marcaron nuevos récords en cerca de cien países el año pasado. La creciente popularidad de los vehículos eléctricos ha marcado un cambio importante para los mercados automotrices y el sistema energético en su conjunto, y ahora está entregando cierto alivio en medio del mayor shock de oferta de petróleo de la historia», comentó en mayo de este año, Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (IEA).
Para nuestro país, la situación no es muy distinta. Al tener un parque automotor de más de 6 millones de vehículos, de los cuáles apenas menos de un 0,35% es 100% eléctrico. En términos simples, casi todos los chilenos dependemos de las alzas de los combustibles fósiles.
«Chile tiene condiciones favorables para avanzar en electromovilidad, pero acelerar su masificación requiere abordar de manera coordinada las principales barreras de acceso. Una de las prioridades debería ser desarrollar incentivos que permitan reducir el costo inicial de los vehículos eléctricos, mediante mecanismos estables, simples y predecibles que entreguen mayor certeza a los consumidores», analizó, Branko Markovinovic, gerente de planificación y producto de Kia Chile.
Por su parte, Francisco Montes, subgerente electromovilidad Porsche Chile, identificamos tres causas conectadas entre sí. De hecho, son una especie de círculo virtuoso. Lo primero es que existe una infraestructura de carga acompañada de una regulación que ha facilitado su expansión. En segundo lugar, está la oferta de productos, que es muy amplia en cuanto a modelos y segmentos y en distintas gamas de precios. Esto amplifica la capacidad de la industria de hacer fit con distintos perfiles de clientes. y acercando el beneficio de la electromovilidad a más personas. A eso hay que sumar, los incentivos fiscales que incluyen subsidio y apoyo directo a la compra, ventajas tributarias, incentivos específicos para los vehículos de empresas y apoyo a la infraestructura de carga, contribuyendo a cerrar la brecha inicial de precio».
Desde otra arista, Branko Markovinovic, de Kia analiza: «es necesario fortalecer la educación y la comunicación en torno a la electromovilidad, entregando información clara sobre autonomía, costos de operación, carga y mantenimiento. La confianza se construye cuando las personas pueden evaluar esta tecnología a partir de sus necesidades concretas y no de percepciones o temores».
Aumentando los beneficios, Montes, de Porsche Chile añade: «el auto eléctrico es una suerte de «batería con ruedas»: se convierte en un componente importante del panorama energético. Chile tiene ventaja en energía renovable, y la pregunta es cómo convertirla en competitividad. Los autos eléctricos pueden ser parte de la respuesta, no solo porque consumen electricidad, sino porque en el futuro podrían almacenarla de forma distribuida. Justo esta semana, Elli, la empresa de energía del Grupo Volkswagen, lanzó en Alemania su oferta de V2G (Vehicle to Grid), un sistema de carga bidireccional que funciona mediante una app. Con él, el auto se carga automáticamente cuando la energía está barata y la devuelve al sistema cuando está cara, de modo que el cliente vende energía y gana dinero sin hacer nada más que enchufar su vehículo.





