El rey del bisoñé carretea con todo

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Juan Carlos Avatte rememora sus días de gloria y desmenuza el trasnoche festivalero

Si con suerte me quedan dos tiros, hay que darse con todo nomás, reflexiona el animado empresario.

Juan Carlos Avatte, histórico empresario de pelucas, se pasea por el Hotel O'Higgins con un cigarro en la mano y, con propiedad, exhibe su mercancía sobre su cráneo. El hombre es pequeño, porta una gran cadena de oro y es muy sociable: saluda a los garzones como si los conociera de toda la vida.

«¡Exquisitas las chiquillas para reinas del Festival! Se nota que son niñas bien alimentadas», manifiesta el empresario.

– Hace poco salió un reportaje en «The Clinic» donde quedó claro que a usted le gusta el leseo.

– Me gusta el hueveo, pero me saco la cresta trabajando para darme mis gustos. Y si con suerte me quedan dos tiros, hay que darse con todo nomás. Desde 1955, cuando traje las pestañas postizas y las vendía en las casas de remolienda, la pega ha sido mi vida. Yo le vendía mis productos a la verdadera Negra Ester en San Antonio. Esas cosas me dan orgullo.

– ¿En Viña falta algún lugar como el Passapoga?

– No sé si funciona aún el «Playboy» de calle Valparaíso, pero tenía muy buenas minas. Y una vez me llevaron a la calle Arlegui y vi un gran cuadro plástico. Muy bueno.

– ¿Qué opina del carrete festivalero en el siglo XXI?

-Débil. Antes esta ciudad no dormía. Ustedes los periodistas hueveaban todo el día, pero ahora están más recatados. Se pusieron tontos.

Avatte fue testigo

La gran pataleta de Raphael

Avatte calcula que hace como 40 años presenció un hecho histórico: una pataleta de proporciones que realizó un imberbe Raphael de España en su primera visita al Festival.

«Había un garzón que se llamaba el Manzanita y hacía un increíble café irlandés y además le agregaba maromas y show. La gente lo amaba. Y un día estaba el Manzanita y de repente Raphael se para de su asiento y pide hablar con el administrador. ¡La única estrella soy yo y no ese garzón!, le reclamó. Yo no lo podía creer, pero por suerte con los años ese huevón maduró».

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