El actor Gabriel Prieto repasa su experiencia de estar a un paso de morir por el Covid
Ahora creo que la gente, cuando se muere, llega a un lugar donde ya no es una individualidad, sino parte de un todo, asegura el artista.
«Nunca me vi desdoblado, pero sí tuve muchas experiencias sensoriales, no exactamente lo que habla la gente de la famosa luz al final del túnel y todas esas cuestiones, pero sí tuve una experiencia bien especial». El actor Gabriel Prieto asegura que este año recién se considera sano y al cien por ciento de sus capacidades, luego de estar al borde de la muerte tras contraer Covid y pasar un extenuante periodo de rehabilitación.
El final de su historia difiere de lo que padeció Rodrigo Huenchún, ciudadano dado por muerto en plena pandemia por una confusión y que sigue sufriendo las consecuencias legales de no existir (ver https://s.lun.com/lun5nh).
El integrante del grupo Teatro Aparte -autor del clásico moderno «¿Quién me escondió los zapatos negros?»- repasa el momento más extremo que vivió o que murió: «Me arrastraba por un pasillo formado por personas a los costados, yo les veía solo las piernas. Era mucha gente, pero no podía mirarle la cara. Es el recuerdo más vívido que tengo: entremedio de las piernas de esas personas de repente se asoma una viejita muy bajita y arrugada que me queda mirando y me dice, no se preocupe, Gabrielito, que aquí lo vamos a cuidar muy bien. Esas palabras textuales jamás las olvidaré. No sé si fue una experiencia de la otra vida o un portal de un lado para el otro, no tengo idea, pero sí sé que me marcó mucho».
¿Se considera un sobreviviente o un redivivo?
«Todo eso junto porque cuando caí al hospital, el primer mes estuve en coma inducido, en tan malas condiciones que me tuvieron entubado entero».
¿Cómo fueron los primeros síntomas?
«Casi al final de la pandemia me empecé a sentir mal. Tenía cuatro vacunas puestas, estaba al día y no había tenido ningún síntoma hasta ese momento. A fines de octubre de 2022 tenía todos los síntomas: fiebre, decaimiento, pérdida del gusto. Entonces, me hice un PCR y salió positivo. Pensé que iba a durar una semana, me compré paracetamol y jugos, y me quedé en la casa. Pero al día siguiente me sentí más mal, llamé a un médico que vino a verme y me recomendó que siguiera con el tratamiento. Al otro día amanecí como el hoyo, al levantarme de la cama me caí, no tenía fuerzas. Ahí pensé que no era como para quedarme en la casa. Le pedí a una amiga que tenía auto que me llevara al hospital Tisné, que está en Peñalolén. Me llevó en calidad de bulto».
Un cura en el desierto
Mientras su amiga buscaba una silla de ruedas, Prieto recibió el llamado de un productor de la teleserie «Hijos del desierto». «Me tenía un personaje, un cura muy entretenido, eran diez capítulos. Empezaban a grabar el lunes. Era un jueves. Yo le respondí que estaba mal, en el hospital. Esa conversación es el último recuerdo que tengo. Colgué el teléfono y se me apagó la tele. El siguiente recuerdo que tengo fue cuando me desperté del coma, un mes después», repasa.
De ese lapso, ¿tiene alguna noción?
«El coma es un estado bien curioso, una mezcla entre sueño y realidad, no sabía dónde terminaba uno y empezaba la otra. Tuve una visión de la realidad súper distorsionada. Tengo recuerdos de partidos de fútbol del Mundial de Fútbol de Qatar, muy confusos».
Entonces, ¿estuvo clínicamente muerto?
«No, sí siento que estuve en la antesala de la muerte. Fui criado en una familia católica, pero esto tiene que ver con la energía universal y con el cosmos, todos somos parte de algo muy grande y eso yo lo percibí durante el coma. Después, conversando con mucha gente que ha tenido experiencias similares, incluso más extremas, se me confirmó. Estuve en un espacio donde jamás había estado: esas personas haciendo fila hacia un lugar y la viejita que me aclaró que todavía no me tocaba».
Una imagen de la muerte alejada de la capucha y el azadón.
«Para mí, la muerte fue una viejita exquisita, tranquilizadora. Ahora creo que la gente, cuando se muere, llega a un lugar donde ya no es una individualidad, sino parte de un todo».
¿Cómo fue ese despertar?
«No podía hablar por la traqueotomía. No entendía por qué si movía los labios no me escuchaba la voz, era desesperante, muy angustiante. Creía que gritaba, pero no me salía la voz. Tuve que seguir hospitalizado mucho tiempo por una secuela pulmonar súper grave. En un año me mandaron cuatro veces a la casa, pero no alcanzaba a durar ni una semana y tenía que volver porque el pulmón me empezaba a pasar la cuenta».
En ese periodo, para Prieto adquirió importancia la figura del terapeuta ocupacional. «Se encargó de mí un tipo espectacular, Daniel Bautista; él le pidió a mis amigos y a mi familia que trajeran todas las fotos de mi vida que tuvieran para ponerlas en mi pieza del hospital. Me las mostraba y me preguntaba, pero como yo no podía hablar de repente le dibujaba algo en una pizarra o a veces le hacía un gesto con los dedos, a veces con los ojos. Era la única forma de comunicarme, era la forma de traerme a la vida, con preguntas para ver si estaba conectado o estabas en ese otro lado».
El proceso experimentó un avance cuando surgió un cupo en el Hospital del Tórax, donde hay especialistas para hacer operaciones pulmonares. «Es un hospital espectacular, yo le debo la vida», acota el actor. «Me operaron y quedé como nuevo, o sea, ahora no tengo ni un problema de respiración, saturo perfecto y me dieron de alta luego de más de un año de haber caído enfermo. Ahí partió un largo proceso de rehabilitación de un año y medio a cargo del kinesiólogo cubano Raúl Portela».
Fue un reseteo total
«Literalmente, tuve que aprender a caminar de nuevo porque perdí toda la masa muscular, imagínate lo que es estar un año acostado. Yo ahora estoy en mi peso ideal. Yo mido 1,77 y estoy pesando 77 kilos, pero en la peor etapa de mi enfermedad llegué a pesar 57 kilos, un esqueleto. Ahora camino, camino rápido, corro. Siento que este año ya estoy al cien por ciento».
¿Volvieron los proyectos?
«Ya tengo escrita una obra que tiene que ver con mi historia con el Covid y todos mis procesos; también estoy empezando a hacer un trabajo con Juan José Gurruchaga, sobre su experiencia de vida. Lo otro es que con el Teatro Aparte a principios de noviembre va a ser el lanzamiento de nuestra historia, un libro que hicimos a raíz de que nos ganamos un fondo concursable del ministerio de las Culturas. Y también estoy haciendo talleres de capacitación. Así que estoy abierto a cualquier tipo de proyectos, incluyendo televisivos».


