El horrible y silencioso tsunami de los sordos

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Nadie se acordó del lenguaje de señas durante la catástrofe

Daban muchas informaciones por radio y televisión, muchos anuncios de Onemi, y nosotros nada, cuenta uno.

Terremoto, en lenguaje de señas, se expresa poniendo los puños cerrados a la altura del pecho y haciendo un remezón. Maremoto es más simple: se hace una onda con la mano extendida. Estos dos gestos han llenado las conversaciones de los sordos por estos días, pero en la Asociación de Sordomudos de Chile (Asoch) alegan que no los vieron en las largas transmisiones televisivas post sismo.

«El terremoto es un problema grande para los sordos. Es más difícil, porque ante la falta de audición nosotros visualizamos», dice Alexeis Estibill, director regional de la Asoch.

«Ese día se cortó la luz y más desesperados estábamos. Daban muchas informaciones por radio y televisión, muchos anuncios de Onemi, y nosotros nada. La intérprete Andrea González y Alejandro Ibacache (los de las noticias) fueron a los canales y ofrecieron interpretar gratis, pero los rechazaron. Los sordos sufrían, sentían rabia, porque no hubo acceso a información», agrega. La incomunicación era total, ya que tampoco podían mandar mensajes de texto por el celular.

Fue Ibacache quien ideó la «Caravana solidaria de sordos», que viajó a repartir cajas con comida y agua para más de 100 familias sordas, incluido un matrimonio con siete hijos, de los que solo dos escuchan. Tres oyentes y cinco sordos de Santiago, incluida una mujer, partieron en dos autos y un camión rumbo a las regiones del Maule y Biobío.

«Los sordos se emocionaban mucho al ver que otro sordo iba a ayudarlos», recuerda Estibill. «En Parral había un sordo adulto, que perdió todo. Es analfabeto y usaba señas propias. Andaba con un casco. Recogía pedazos de adobe de su casa, los miraba y los botaba. Tomaba otro, lo miraba y lo botaba. Nos dio pena», cuenta.

A otro se le cayó la casa a sus espaldas, mientras corría con un niño en brazos: «Como estaba oscuro sentía que algo le pegaba fuerte en las piernas, pero como es sordo siguió. Al otro día vio que estaba todo en el piso».

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