Apetitosa exposición de Margarita Dittborn en la Sala Gasco
La autora usó diversos productos de la gastronomía, entre ellos quesos y postres, para elaborar una serie de imágenes que exaltan ciertos placeres y reflejan anhelos y recuerdos.
Margarita Dittborn ha fabricado recientemente una cartera y un zapato que difícilmente podrán ser usados, pero que son una tentación para los amantes de los quesos: ambos accesorios están hechos con trozos de las variedades camembert, gruyere, cheddar, roquefort y parmesano.
Lástima que no sea posible saborearlos, aunque existe la alternativa de contemplarlos en la exposición que la artista visual inaugura la próxima semana en la Sala Gasco (Santo Domingo 1061).
La nueva muestra de la joven fotógrafa ha salido casi toda de su refrigerador y, en general, sugiere que su autora se ha propuesto exaltar los placeres de la comida, especialmente de la repostería. Sucede sobre todo con una serie de imágenes donde aparecen personajes masculinos ficticios -en realidad son maniquíes- que, en vez de cabezas, llevan sobre sus hombros una colección de postres que incluye desde una torre de alfajores y un plato con jalea hasta una ruma de sustancias y un queque con chocolate y crema.
Los dulces caballeros, tipos elegantes ataviados con ropas de telas suaves, aunque vigentes en otra época, sobresalen como lo más atractivo de la exhibición. Pero no son los únicos bocados.
Margarita Dittborn también ofrece, aparte de los accesorios de quesos ya citados, paisajes australes saborizados por la presencia de la parte superior de una piña y vistas de aviones que abren el apetito de peces o que están enterrados en una montaña de nieve armada con maicena.
Todas las imágenes, según cuenta la fotógrafa, han sido inspiradas por fragmentos de textos que le interesaron y que conserva, entre ellos poemas, e-mails y críticas gastronómicas.
«Hice la cartera y el zapato a partir de un artículo que hablaba de un restaurante donde usaban un trozo de queso como recipiente de un risotto, por ejemplo. Usé textos que me remitieran a imágenes, porque la exposición tiene que ver con anhelos acerca de lugares o situaciones distantes», explica.
Los suculentos hombres con cabeza de golosina, en tanto, resultaron de una lectura sobre el destino de diferentes tipos de niñas: las buenas comen postre y las malas van a la cama.
«Es una manera de burlarse de esa concepción del año 20 de que hay mujeres para casarse y mujeres para la cama. Es una forma de decir que puedo tener amor y postre», comenta.
-Se ve muy cercana tu relación con la comida.
-Lo es. Me encanta la comida, siempre me ha gustado. Me atrae ese placer inmediato. Quizás por eso me dediqué a la fotografía y no a la pintura, que requiere más paciencia.
Satisfacción visual
Margarita Dittborn ha tenido que resistir la tentación que representan los ingredientes que utilizó para elaborar las imágenes de su nueva muestra.
«Tengo muchas cosas ricas en el refri, pero no me las he comido, porque no me hace bien. Tenerlas al alcance me sirve para sentirme satisfecha y por eso me resulta la dieta», dice la artista, quien, considerando su gusto por la comida y su oficio, cree que sería una buena crítica de montaje de platos.


