¿Usted también baja la radio cuando va a estacionar? La ciencia le explica el porqué

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Doctor Pedro Maldonado ya no hace el gesto: su camioneta lo hace por él apenas pone la reversa

Especialistas aclaran que el oído no compite con la vista o el olfato. Lo relevante son los sonidos que me van a servir para esta tarea, precisa Maldonado.

«Lo primero que pensé fue que le había pasado algo a la radio y luego de estacionar, la volví a subir. Me extrañó, pero cuando volví a usar la marcha atrás, se volvió a bajar. Al final, era una función del auto bajar el volumen de forma automática cuando uno pone retroceso», cuenta el especialista en neurociencia.

Ahora ya sabe que es una función que los autos de distintas marcas están incorporando poco a poco.

«Mi camioneta es súper básica y lo tiene. Mi señora tiene otro auto, de otra marca y también viene incluido porque es un sistema de seguridad. Y tiene del todo sentido: es para que no escuches la música cuando te vas a estacionar, sino que los otros ruidos que son más necesarios. Yo ya no bajo el volumen de la radio, no tengo que hacerlo», destaca.

El neurocientífico explica que es una función de seguridad, porque para estacionarse, se requiere de atención. De hecho, lo de bajar el volumen de la radio es un gesto que hacen muchas personas, casi sin darse cuenta, pero del que poco se habla.

¿Compartir el cerebro?

El consultor financiero David Cohen hizo viral un post en su cuenta de Instagram que daba una explicación que parecía contundente para esta costumbre. Consiguió 75.125 me gusta y más de 1.200 comentarios. Varios de quiénes le comentaron dijeron estar impactados porque pensaban ser los únicos con este hábito.

«Yo pensé que me estaba poniendo vieja», le dijo Carmen Velozo.

«Lo hago siempre, pensaba que tenía poca capacidad de concentrarme y, por ende, necesitaba concentrarme en estacionar para no equivocarme», añadió otra usuaria.

El aludido argumentó que se hace por el efecto de «supresión sensorial». Dijo que tener la música fuerte afecta la percepción de los sentidos (gusto, vista, tacto, oído y olfato) porque tienen que compartir el cerebro para procesar la información.

«Si la música está muy alta, tu oído está ocupando toda su capacidad. Si le bajas el volumen, regresas a tener un balance y a poder prestar más atención a ver si hay más peatones, escuchar si viene algo y todo lo que tú necesitas para estacionarte correctamente», sostuvo.

¿Está en lo correcto? No tanto, dice Maldonado, porque si bien el cerebro no es capaz de prestar atención a todos los sentidos, hace una selección de lo que necesita en ese momento.

«Selecciona qué estímulos procesar y cuáles otros inhibir, porque el cerebro no lo puede hacer todo», explica el especialista.

En el caso particular de bajar la música para estacionar, indica que una persona no hace el movimiento de reducir el volumen para dejar de escuchar sino para focalizar su tarea.

«Lo relevante es que se hace para prestar más atención a algún sonido que nos pueda llegar. No es que compita el odio con el olfato o la visión, eso es menos importante, lo relevante son los sonidos que me van a servir para esta tarea. Si la música está muy fuerte, no puedo atender bien a los otros sonidos que necesito escuchar, como la bocina de otro auto, algún grito de afuera, si pasa una moto por detrás, del tráfico o eso de que el del golpe avisa», ejemplifica.

Maldonado añade que sucede lo mismo que cuando una persona está en una reunión grupal.
«Hay muchas personas conversando, pero eres capaz de escuchar a sólo a una, que es la que te interesa, e ignorar al resto. Pero no porque apagas el oído, sino porque seleccionas el sonido más relevante», dice.

Involuntario

El doctor en Neurofisiología Nicolás Martínez, investigador de la Fundación Ciencia y Vida y de la Universidad San Sebastián, explica que los sentidos, pese a que desempeñan tareas distintas, trabajan de forma integrada.

«No compiten entre sí, nuestro cerebro es sinestésico (puede experimentar varios sentidos a la vez). Lo que sí puede ocurrir es la saturación del procesamiento que el cerebro pueda gestionar por la complejidad de los estímulos y, por lo tanto, cuánto sentido recluta depende de qué tan fuerte es el estímulo en particular», explica el científico.

Para estacionar un vehículo, el cerebro trabaja en reordenar los estímulos para mejorar su performance.
«Puede no ser necesario apagar la música, podría estacionar por una predicción preventiva de nuestro sistema neurofisiológico que está haciendo mapas de representación de trayectorias del espacio y tiempo. En base a eso, comanda los movimientos del cuerpo y la conducción del automóvil», precisa.

María de Los Ángeles Sáez, doctora en Sicología y académica de la Universidad Andrés Bello, agrega que acciones como bajar el volumen de la radio al estacionar son de tipo involuntarias.
«En alguna medida nuestro cerebro informa que requiere de la menor interferencia en la actividad de estacionarse y de forma automática, se baja la estimulación auditiva -la música en este caso- para reducir estímulos que resulten interferentes. Con el tiempo, la acción de bajar la música se va haciendo más involuntaria», señala.

 

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