Kenneth Bunker desmenuza la disposición de Michelle Bachelet para volver a ser candidata presidencial
A Kast le conviene más tener a Bachelet de adversaria que a un rostro nuevo. La expresidenta tiene errores políticos notorios fácilmente identificables, opina.
Un «yo creo que sí», de su parte, bastó para agitar los ánimos en la centroizquierda. La sola idea de que Michelle Bachelet vuelva a convertirse en candidata presidencial, por tercera vez, les hizo brillar los ojos de ilusión, pero también activó rencillas. Dicen que la dos veces presidenta de la República une a su sector, pero, ¿es realmente así, o les genera más un problema de liderazgos taponeados por su figura? Aunque el actual gobierno lleva poco más de 200 días en ejercicio, y falta bastante para la próxima elección presidencial, en noviembre de 2029, Kenneth Bunker, director del Laboratorio de Democracia y Gobierno de la Universidad San Sebastián, proyecta cómo la irrupción de Bachelet impactará en la oposición.
Con matices, en la centroizquierda coindicen en que la figura de Michelle Bachelet une al sector. En la práctica, ¿ordena o desordena el gallinero?
«Desordena. Bachelet une en la foto, pero no en la estrategia. Su figura no resuelve nada de lo que la oposición tiene pendiente, ni el diagnóstico de la derrota ni la relación entre el Socialismo Democrático y el Frente Amplio. Solo posterga esas discusiones. Si la coalición de pronto se ve obligada a empezar a defender el legado de una expresidenta de 75 años, no está preocupada del futuro, está preocupada del pasado».
¿Será por eso que Carolina Tohá le puso paños fríos a la eventual vuelta de Bachelet, entonces, la expresidenta genera unidad real o es más una complicación su retorno presidencial?
«Más complicación que unidad. Tohá conoce bien el efecto Bachelet. En 2025, el silencio de Bachelet congeló la candidatura de Tohá durante meses. Cuando Bachelet finalmente se bajó, no le dio ningún respaldo a Tohá. En la primaria, quienes firmaron a favor de Tohá fueron cercanos a Bachelet, no la propia Bachelet. Los paños fríos de Tohá se pueden leer como un cobro de cuentas. Bachelet no estuvo cuando Tohá la necesitó, y ahora Tohá no tiene por qué estar para Bachelet».
Pero hay otras, como la presidenta del Partido Socialista, Paulina Vodanovic, que se mostraron entusiastas con el anuncio de Bachelet. Aunque no hubo el mismo ánimo en la timonel del Frente Amplio, Gael Yeomans. Tendiendo esto en cuenta, ¿cómo se complica la relación FA-SD?
«Para el PS, Bachelet es la última carta para recuperar la conducción del sector. Para el FA es justamente lo que vinieron a reemplazar. El Frente Amplio desplazó a la generación de Bachelet, y una candidatura suya sería admitir que ese relevo no funcionó. El entusiasmo de Tomás Vodanovic y la frialdad de Yeomans apuntan a lo mismo, al afán de tomar la hegemonía de la oposición».
¿Usted cree que está disponibilidad de volver a ser candidata estaba planeada, por ejemplo, por el acto previo en La Pintana, una señal?
«La Pintana fue un acto de desagravio, no de lanzamiento. Fue una fiesta de jubilación, con teatro lleno para despedir una derrota. El yo creo que sí llegó una semana después y parece más una reacción a ese acto que algo planificado. Bachelet nunca descarta nada del todo, mantener la puerta abierta es lo que le da peso».
¿Y qué pasa con el eventual retorno de Gabriel Boric, la irrupción de Vodanovic y otros liderazgos, Bachelet los taponea?
«Sí, y eso es lo más grave. Cuando el nombre más competitivo de un sector ya gobernó dos veces, nadie más crece. Boric marca 19% y Bachelet 15% en Panel Ciudadano UDD. Las dos mejores cartas de la oposición son sus dos últimos presidentes. Boric tiene la ventaja de no tener mucho legado que defender, y eso le da libertad de movimiento. Bachelet, en cambio, tiene que defender un legado que cada vez está más vilipendiado».
Tras su fracasada postulación a la Secretaría General de Naciones Unidas, ¿era esperable que Bachelet quisiera recuperar protagonismo, una suerte de vendetta?
«Vendetta no. Es más bien la necesidad de no cerrar su carrera con una derrota. Ella le dio un tono épico al veto, pero quedó séptima en la última votación informal. Volver al debate local es la forma de reescribir ese final».
¿Fue una mala jugada de la derecha taponear su candidatura a la ONU, cómo se dice, crearon un monstruo?
«No. Era una decisión obvia para el Presidente José Antonio Kast, y nadie podía esperar otra cosa. El problema no lo tiene la derecha sino la izquierda. A Kast le conviene más tener a Bachelet de adversaria que a un rostro nuevo. La expresidenta tiene errores políticos notorios fácilmente identificables. En ese sentido, la vuelta de Bachelet a la primera línea de la política es un regalo para el gobierno».
Entonces, si Bachelet volviera a ser candidata hay varios temas por los cuales la derecha la sacará al pizarrón, ¿cuál sería el principal talón de Aquiles de Bachelet?
«Su segundo gobierno. La reforma tributaria, la gratuidad sin base fiscal y el cambio al sistema electoral marcaron el inicio del estancamiento, y la derecha la hará responder por eso. Una tercera candidatura no sería para gobernar sino para defender el legado de la segunda».
«Bachelet une en la foto, pero no en la estrategia. Su figura no resuelve nada de lo que la oposición tiene pendiente», Kenneth Bunker


