Chofer que sobrevivió al aluvión: «Me aferré a un árbol por lo que vi en la película Lo imposible»

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Danny Castillo salvó ileso tras ser arrastrado en su camión en Las Condes

El repartidor (43) saltó antes de que otro vehículo lo impactara. Su pasado como deportista y un accidente anterior fueron clave.

Danny Castillo (43) sigue viendo los videos del aluvión en Las Condes que ocurrió este jueves, y todavía le cuesta asimilar que esté ileso. En un registro impactante, se le ve arriba del techo de su camión, siendo arrastrado por el agua, el lodo y los escombros. «He visto bastantes veces el video y digo: estoy vivo de broma. Hay que llevarlo a Hollywood a ver si me dan un premio», comenta con una mezcla de humor y alivio.
Danny, venezolano con residencia definitiva en Chile desde hace ocho años, trabajaba en su minitruck Foton TM3 2022 repartiendo bebidas. La tarde del jueves, su ruta lo llevó al sector oriente de la capital.
Cuenta que cuando conducía por el sector cercano a avenida General Blanche en medio de una intensa lluvia y granizo, el semáforo dio verde y avanzó. Apenas 300 metros más arriba vio venir una masa violenta de barro y rocas.
«Fue cuestión de segundos. Vi el torrente, las piedras, el lodo y la gente tocando la bocina. Traté de darme la vuelta, pero el aluvión me alcanzó y me tumbó el camión», relata.
Maniobra extrema
El vehículo volcado fue arrastrado cuesta abajo e impactado por varios autos. En medio del estruendo, Castillo se enfocó en proteger sus extremidades: «El cinturón me apretó y cumplió su función. Me chocó un auto, después otro. Yo trataba de cubrirme los brazos y las piernas para no quedar atrapado en los pedales ni el volante. Sentía que si me quedaba adentro, se iba a llenar de barro y me iba a ahogar», recuerda.
Entre impactos, abrió la compuerta del copiloto y se encaramó al cajón de carga. «Sentía que iba surfeando en una tabla. El camión iba como una bicicleta sin frenos en bajada. Veía a gente pidiéndome auxilio, pero no podía lanzarme a ayudarlos porque me arrastraba la corriente a mí también», explica.
¿En qué momento decidió saltar al árbol?
 
«Yo venía sentado sobre el cajón del camión viendo qué iba a pasar. Cuando vi que el camión iba derechito hacia el árbol, pensé: Esta es mi salvación, no tengo para dónde más agarrar. Tuve que pararme y saltar para abrazarlo. En lo que me volteo y me agarro con fuerza, venía otro auto detrás que chocó directo donde yo estaba sentado y terminó de reventar el camión. Si me quedo dos segundos más arriba del camión, me mata».
 
¿En qué pensó en ese momento?
«En tantas cosas que uno ve en las películas de supervivencia y de desastres naturales. Pensé en la película: Lo Imposible (2012), que trata el desastre tras el tsunami de Tailandia. En la televisión uno siempre ve que cuando hay crecidas o aluviones, la gente busca aferrarse a los árboles o a postes firmes para que el agua no se los lleve. Eso se me vino a la mente de inmediato: agarrarme de algo fijo. Fue como el tiro que Dios me dio; vi el tronco y me abracé con todo. Además, de niño en Venezuela uno siempre se subía a los árboles, las matas de mango, guayas, a sacar frutas, aunque hacía más de 20 años que no me trepaba a uno».
Reflejos intactos
Con una maniobra rápida y atlética, Castillo logró saltar del camión en movimiento. Aquella destreza no fue casualidad.
«En Venezuela fui deportista y jugué béisbol en ligas amateur hasta los 30 años. Al migrar a Chile fui perdiendo condiciones y subí de peso, pero la agilidad y los reflejos se conservaron intactos. Si no mantengo esa calma y esa rapidez física, no la cuento», confiesa.
Además, el conductor sobrevivió a un accidente de tránsito hace 15 años. «Fue  un volcamiento en una autopista en Venezuela. Iba de copiloto, el auto volcó y rodó más de 100 metros. En esa ocasión me colgué de las manillas del techo para no aplastar al conductor y quedé ileso. Esa experiencia me enseñó a no desesperarme, a proteger las extremidades y buscar el segundo exacto para reaccionar», relata.
Danny aguantó afirmado de las ramas entre 10 y 15 minutos, hasta que el caudal del aluvión empezó a descender y pudo bajar por su cuenta. «Los accesos estaban cortados y las ambulancias no podían subir. Cuando me vieron caminando ileso, la gente y los inspectores de Las Condes (municipales) no lo creían; pensaban que el chofer del camión estaba muerto por cómo había quedado la máquina. Me llevaron a un sector cercano donde había personal médico, me atendieron por principio de hipotermia, me dieron café, ropa seca y zapatillas», recuerda.
Pasado el shock, asoma la angustia económica. En Chile vive junto a su pareja y la hija de ella, una adolescente de 13 años, además de mantener a dos hijos en Venezuela.

«Llegué hace ocho años como peoneta. Junté peso a peso con un finiquito para comprarme mi camión, que tenía hace solo dos años. Ver que en un segundo se pierde todo el esfuerzo de tu trabajo es durísimo. Las deudas siguen, el arriendo hay que pagarlo y ese camión era mi único sustento. Solo pido una mano para volver a trabajar», concluye.

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