Futbolistas uruguayos abrieron deptos a patadas

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Rescataron a vecinos atrapados en edificio de 23 pisos23

Las personas se asomaban por los balcones y nos pedían ayuda, cuenta Gabriel López, delantero de Deportes Concepción.

Gabriel López y Carlos Marcora quedaron de volver ayer en la tarde a la Octava Región para incorporarse a los entrenamientos de Deportes Concepción. Este sábado el equipo enfrenta a Puerto Montt, en Coronel, pero les dieron permiso para ir por el fin de semana a visitar a sus familias a Montevideo, las que se fueron después del terremoto que sacudió gran parte del país.

Poco habrán entrenado en estos días, pero ambos futbolistas confirmaron que están en óptimas condiciones la misma madrugada del sacudón, cuando no dudaron en subir al edificio en el que vivían con tal de ayudar a muchas personas que habían quedado atrapadas en sus departamentos.

«Bajamos con mi mujer y mi nene de 6 meses cuando todavía se movía. El edificio es de 23 pisos y nosotros estábamos en el 12. Fuimos de los primeros en llegar abajo y ahí nos juntamos con otros jugadores que vivían ahí», cuenta el delantero.

Uno de ellos era Carlos, que luego de bajar del cuarto piso y asegurarse que sus trillizas y su esposa estaban bien, le dijo a Gabriel que fueran a socorrer a la gente. «Las personas se asomaban por los balcones y nos pedían ayuda. Muchos habían quedado encerrados. En ese momento no lo pensamos mucho y subimos», dice Gabriel, que recuerda que a punta de patadas botaron varias puertas y ayudaron a unas seis familias.

El problema vino un rato después, como a las 6 de la mañana, cuando a las guaguas les empezó a dar hambre. «No teníamos qué darles, así que volvimos a subir y buscamos alimento y abrigo», cuenta Carlos, que juega de volante.

En total, los charrúas subieron cuatro veces, porque después volvieron a los pisos superiores por cosas de valor, ropa y colchones. Gabriel tomó su cámara de video también, con la que grabó imágenes de aquella inolvidable jornada. «Al mediodía nos fuimos a la sede del club, donde dormimos un par de noches al aire libre. Cuando volví al edificio, habían robado el refrigerador, la cocina y el living», cuenta Gabriel, que tiene latente el recuerdo de cuando fue a Dichato con la gente del club un poco antes del terremoto y hubo un pequeño temblor. «Nos molestaron mucho porque nosotros nunca habíamos estado en uno».

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