Las desdichas y amarguras del padre del sicoanálisis

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Película La última sesión de Freud trae los sinsabores de Sigmund Freud

Disponible en Max, ficciona un encuentro entre el siquiatra más importante del mundo y el escritor C. S. Lewis, justo antes de la segunda guerra mundial.

Instalado en Londres ya que estaba exiliado por el gobierno nazi, Sigmund Freud padeció las consecuencias de un cáncer que lo condicionó a sólo atender uno que otro caso. La permanencia del padre del sicoanálisis en esa ciudad es el material de la película «La última sesión de Freud», recién incorporada a la parrilla de Max.

El filme ficciona un supuesto encuentro entre el siquiatra y C. S. Lewis, profesor universitario y autor de la saga «Las crónicas de Narnia» ,en 1939, poco antes de la invasión de Alemania a Polonia, que disparó la segunda guerra mundial.

Al borde del infierno, ambos hablan de sus posturas diferentes, pues Freud era un ateo implacable, mientras el escritor había pasado de no creyente a cristiano.

La película resultó muy interesante para Mariano Ruperthuz, sicoanalista de la sociedad de sicoanálisis de Chile y profesor de la escuela de sicología de la Universidad Andrés Bello.

«Freud había salido de Viena y gracias a la intervención de diplomáticos de países como Estados Unidos, pudo instalarse en Londres. Pero ya era un hombre de 83 años con cáncer a la mandíbula», afirma Ruperthuz.

Agrega que el gran sicoanalista creía que durante la infancia se crean dioses para soportar las incertidumbres de la vida. Su familia padeció el horror nazi: varias de sus hermanas murieron en los campos de concentración. Además, años antes la gripe española se llevó a una de sus hijas.

C. S. Lewis, en tanto, había sufrido en su infancia debido a la muerte de su madre cuando tenía apenas 9 años.

Matías Claro, de Truman Libreros y voz del podcast «Primer párrafo», comenta que el autor buscó luego parejas que tenían algún parecido a su madre: la primera era bastante mayor a él y la segunda sufría de cáncer, la enfermedad que se llevó a su progenitora.

«Lewis se crió como un protestante en Belfast, muy anticatólico, pero luego dejó de ser creyente. Todo el dolor de su vida, incluida su participación en el horror de la primera guerra mundial lo acerca a la fe. Se convierte desde la razón, algo poco común», explíca.

En este cambio tuvo un papel muy importante J. R. R. Tolkien, autor de «El señor de los anillos» y convencido católico. Eran grandes amigos y se influenciaron mutuamente en sus carreras.

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