Estudio analizó 20 establecimientos que reciben alumnos de contextos vulnerables y tienen alto rendimiento en el Simce
Es un trabajo mancomunado entre profesores de todas las asignaturas, dice directora de colegio de Talagante.
En Chile existen 3.564 escuelas de educación inicial en los estratos económicos medios y medios bajos. De ellas, solo en 20 establecimientos el 70% o más de sus alumnos leen compresivamente en cuarto básico, tomando como indicador los resultados en las últimas tres pruebas Simce.
En esos establecimientos destacados ?nueve de Santiago y 11 de otras regiones (ver tabla)- se concentró el estudio que realizó Por Un Chile que Lee junto al Instituto Milenio Mistrall, el Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile y Red Directiva.
«Fuimos a ver cada escuela, a conversar con sus comunidades educativas, jefas técnicas, educadoras de párvulo, profesores. Pudimos entrar a sus salas de clases, sus bibliotecas», explica Juan Pablo Valenzuela, director del CIAE. El foco era identificar las prácticas exitosas que se repiten para, posteriormente, replicarlas en otros colegios.
El resultado es una lista de siete componentes críticos que, de una u otra forma, están presentes en estos establecimientos:
La lectura es de alta prioridad: «Si es una entre diez metas no van a pasar grandes cosas. En estas escuelas buscan lograr que todos los niños aprendan a leer comprensivamente y escribir en segundo básico, es una meta prioritaria», señala el experto.
Tienen un método: cada escuela utiliza distintas metodologías ?desde el método Matte al cuaderno de caligrafía- pero lo esencial es que opta por una y se apropia de ella. «Adecuan con su propia experiencia un método regular, no es que cada profesor tiene el suyo. Es una trayectoria», destaca Valenzuela.
Nadie se queda atrás: «No hay un grupo que va súper adelantado y otro no aprendió las vocales. Hay requerimientos mínimos para todos. En eso es muy relevante el rol del equipo PIE (programa de integración escolar), para que todos los niños vayan trabajando juntos», sostiene.
Monitoreo sistemático: «En uno de los colegios todos los días los primeros minutos de cada semana se hace una pequeña prueba, sin nota, como forma de retroalimentación. Otros lo hacen cada 15 días, en los tres componentes del dominio lector: velocidad, calidad y fluidez, y se identifica a los niños que requieren refuerzo y apoyo. La gestión de datos es lo único que te permite poder avanzar y saber que lo que estás haciendo resulta».
Educación inicial: «El desarrollo de la lectura parte desde prekínder y también es relevante incorporar a la familia, ponerla como protagonista, pero reconociendo que existe una gran diversidad de compromisos. La tarea de la escuela es que todos aprendan, inclusive aquellos que podrían tener familias con menores niveles de compromiso», comenta.
Recursos: buscan facilitar el acceso a los textos. «Hay una escuela donde en primero básico tienen el libro viajero, que se lo lleva un alumno a la vez y lo lee con la familia, es un libro compartido por la comunidad, que va rotando», ejemplifica el investigador.
Celebrar: «En todas las escuelas hay una ceremonia para demostrar a la comunidad escolar, pero también a las familias, que ese niño o niña tiene unas competencias extraordinarias y debe seguir siendo apoyado y acompañado. Aprender a leer de verdad es un cambio de vida, te abre un tema de libertad. Después de segundo básico, cuando ya tienes lectura comprensiva, lees para aprender», destaca.
Carolina Andueza, presidenta de Por un Chile que Lee, valora los resultados del estudio. «Estas escuelas nos muestran que se puede avanzar, que hay escuelas en Chile que están logrando que sus niños y niñas estén aprendiendo a leer. Es importante reconocerlas y aprender de ellas. Tenemos que movilizarnos como país para que todos lo logremos, porque tenemos una gran deuda», advierte.
Carrito de libros
En la Escuela Luis Undurraga, de Talagante, el 92% de sus estudiantes logra un nivel adecuado de comprensión lectora en cuarto básico. «Empezamos desde prekínder a fortalecer el lenguaje oral, conciencia fonológica, vocabulario. La Fundación CMPC nos asesora desde hace un buen tiempo, de ella nos hemos apropiado de varias estrategias. Por ejemplo, la hora del cuento, lecturas compartidas, conversación literaria», detalla Cristina Cáceres, directora del establecimiento.
«Somos una escuela de contexto rural, con un curso por nivel, de sistema público, entonces no se seleccionan niños. Tenemos muchos alumnos con necesidades educativas, y eso también nos ha desafiado a que los equipos de aulas trabajen completamente en forma aunada», aclara.
«También hay actividades de goce lector, donde los niños puedan recomendarle a otro compañero un libro que hayan leído, o una frase. En la sala de los cursos más pequeños hay un carrito donde los alumnos tienen distintos tipos de textos, al que pueden acudir en el momento que quieran leer», describe.
Cada mañana los primeros 15 minutos son de lectura en todo el colegio. «Es un trabajo mancomunado entre los profesores de todas las asignaturas. Un profesor de matemáticas puede hacer que lean para comprender un problema, o el profesor de historia les pide analizar una fuente», agrega la directora.
«El trabajo colaborativo, ordenado y sistemático nos ha ido ayudando a tomar estrategias, antes de las que las brechas sean más grandes», concluye.



