Los contoneos del cubano que desordenó Festival de Jazz

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Félix se paseó a torso desnudo entre el público

Los más entusiastas fueron quienes no pagaron ni uno y se sentaron al otro lado del río.

Los vasos de café fluían con frecuencia anoche en el Parque de las Esculturas. Una brisa fresca mantenía algo incómodos a los asistentes a la novena versión del Festival de Jazz de Providencia, que a ambos lados del río disfrutaban de los acordes del músico cubano Yosvany Terry.

Claro, porque el público que pagó los 15 mil pesos de las entradas más caras pudo escuchar y ver de cerca al músico y su banda. Quienes se ubicaron en las graderías ubicadas en la orilla sur del Mapocho, tuvieron que conformarse con apreciar al jazzista a través de dos pantallas instaladas casi en el cauce. La distancia no disminuyó en todo caso la efusividad de ese grupo, principalmente joven, que fueron apoyados por unas quinientas personas que se sentaron en el pastito del parque, a un costado de las instalaciones, que no pagaron nada y disfrutaron igual.

Cada vez que Martín Cárcamo, el animador de la jornada, los recordaba y mandaba saludos, se paraban y silbaban.

El ritmo del saxofón mezclado con los ritmos étnicos de Yosvany calentaron la noche. Pero todas las miradas se las llevó Félix, bailarín del grupo que con sus movimientos y simpatía robó aplausos, silbidos y más de un piropo.

El moreno de edad indeterminada -porque el mismo Yosvany no quiso echarlo al agua- se contoneó en cada interpretación y se cambió de vestuario unas cuatro veces. Con su torso desnudo se paseó entre el público del sector VIP, bailó con panties apretadas y un vestido con amplio ruedo, para finalizar desatando todo su sabor tropical arriba del escenario con el golpeteo de los tambores.

La ovación fue total y logró que hasta los de las primeras filas se desataran un rato y se animaran a moverse con la alegre música.

«Maravilloso, simplemente maravilloso», comentó Juan José Ramírez, durante la pausa antes de la presentación del colombiano Héctor Martignon. El receso sirvió para que el público se abasteciera de nuevos vasos de café, maní salado o confitado con algunos de los mozos con chalequillos que circulaban por el sector VIP.

 

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