Espectáculo puede apreciarse de madrugada hasta el 7 de noviembre
Christian Nitschelm, astrofísico de la Universidad de Antofagasta, explica que cada vez que el cometa más famoso del mundo se acerca al sol se despren de parte de su material.
Usted, que suele mirar el cielo de noche, porque le gusta regalar estrellas o simplemente sentir la fascinación del universo, estos días podría ver una lluvia de estrellas con pedigrí de 2.265 años.
«Son granos de polvo que el cometa Halley dejó mucho tiempo atrás, cuando pasó cerca del sol, y que se reparten a lo largo de su órbita», cuenta Christian Nitschelm, doctor en Astrofísica y académico del Centro de Astronomía de la Universidad de Antofagasta.
El Halley fue descubierto en el 239 antes de Cristo. Proviene de más allá de Neptuno, rodea el sol y emprende el camino de regreso. El astrónomo inglés Edmond Halley calculó en 1705 que completaba una órbita cada 76 años.
La composición del cometa más famoso del mundo es roca, hielo, gases y polvo. Cada vez que está cerca del sol, entre tres o cuatro de esos 76 años, parte de ese material se desprende y queda suspendido. «Lo que sucede es que la Tierra, dos veces al año, pasa relativamente cerca de la órbita del cometa Halley y ciertos granos de polvo que el cometa dejó pueden entrar en la atmósfera», explica Nitschelm.
Al entrar en esta capa, el polvo se transforma en estrellas fugaces o bólidos.
Más luminoso
«Un bólido es como una súper estrella fugaz. Es algo mucho más luminoso, que se ve de colores. A veces la piedra no desaparece en la atmósfera, no se volatiliza, y llega al suelo», explica.
La edición en línea de National Geographic España publicó este miércoles un artículo que destaca la velocidad con que ingresan a la atmósfera terrestre estas partículas: 66 kilómetros por segundo. «Este espectáculo astronómico alcanza una tasa de actividad moderada, pero muy llamativa, registrando habitualmente entre 15 y 70 meteoros por hora a lo largo de sus noches más activas», explica la revista.
Para ver este festival hay que salir de la ciudad, advierte. «Hay que ir al desierto, a un mirador, a lugares donde el cielo está bien visible, un cielo oscuro, sin contaminación lumínica», asegura el astrónomo de la Universidad de Antofagasta.
Una vez escogido el lugar, hay que mirar hacia la constelación de Orión. Un dato que puede servir para ubicarse en el espacio: las famosas tres marías son el cinturón de Orión. Por eso estas estrellas fugaces se llaman oriónidas.
«Hay que mirar no exactamente la constelación. Alrededor. Va a haber una y después una otra, quizás dos al mismo tiempo», describe.
Algunos científicos estiman que debieran caer de diez a 20 por hora. El fenómeno comenzó el 2 de octubre y duraría hasta el 7 de noviembre. Los mejores momentos para observarlas serían las madrugadas de este jueves y de este viernes, desde las 2 o 3 hasta el amanecer. «Cuidado con algo que es muy importante. Es un evento de segunda parte de la noche, porque en la primera vamos a tener una luna fuerte», explica. El brillo del satélite natural de la Tierra entorpecerá la observación antes de la medianoche.
Cámaras
FRIPON o Fireball Recovery and Inter-Planetary Observation Network, es una red de cámaras «all-sky» o con lentes ojo de pez, que permiten captar y seguir la trayectoria de los bólidos. FRIPON Andino es dirigido en Chile por el Laboratorio Franco-Chileno de Astronomía y el Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile. En julio del 2024, esta red hizo su primera gran observación: un bólido que cruzó el cielo entre Mendoza y Santiago.
Esta red podría captar los cuerpos de las oriónidas que no se alcanzan a volatilizar. «Si hay dos o tres cámaras que lo observan al mismo tiempo, pueden identificar dónde va a caer e ir a buscarlo», cuenta.
«Hay que ir al desierto, a un mirador, a lugares donde el cielo está bien visible, un cielo oscuro, sin contaminación lumínica», Christian Nitschelm