«Romeo y Julieta» en el balcón de la fama

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La temporada del Ballet de Santiago ha comenzado en lo más alto con ‘Romeo y Julieta', con la coreografía de John Cranko y la música de Sergei Prokofiev.

Varios de los ballets basados en obras literarias y teatrales – ‘El Quijote' y ‘La Cenicienta' son muy famosos-, pero esta monumental pieza inspirada directamente en la tragedia de los amantes de Verona va en la delantera. Y lo hace con abundantes ventajas que impactan, siendo acaso la primera la partitura de Prokofiev, potente, variada y comprometida con cada escena que debe sustentar. Además, su empleo del ‘Leit Motiv' hace que, a modo de células, un sinfín de melodías que reviven personas y situaciones aparezcan una y otra vez manteniendo vivo el desarrollo de la acción y la atención de la audiencia.

‘Romeo y Julieta' es una obra 100% terrenal, sin cisnes, villis, ni seres etéreos. Aquí hay personajes reales, de carne y hueso, que aman y odian. Para contar la conocida historia Cranko ideó una coreografía definitivamente colosal, sin fijarse en gastos, en que el vestuario es un componente de aporte gigantesco, no tanto la escenógrafa, cuya extrema funcionalidad tiende a la simpleza.

El montaje que presenta el Teatro Municipal, ya mostrado con éxito en anteriores temporadas, cuenta esta vez con el decisivo marco musical a cargo de la Orquesta Filarmónica de Santiago conducido por Paolo Bortolameolli, su director titular. Su premiada batuta, tan exitosa en el repertorio sinfónico de Mahler y Shostakovich, con un reciente cometido en la compleja ópera ‘Salomé', llega aquí a la extensa, colorida e intensa creación de Prokofiev con la mayor autoridad. Su desempeño es triunfal, confiriendo un rol muy protagónico, acaso demasiado sonoro, a la globalidad del espectáculo.

El Ballet de Santiago presenta a toda la compañía en acción, con un cuerpo de baile en su mejor momento de disciplina. Cumple con total eficiencia su entrega, ciertamente opuesta, para los fastuosos bailes palaciegos y luego la distendida algarabía callejera. A esto contribuye el vestuario tan hermoso como infinito.,

En lo solístico hay varios elencos, siendo inapropiado reseñar sólo a los que este columnista vio en el estreno. Ellos se alternan en la cobertura de los personajes principales de una función a otra. Lo visto en ese debut fue magnífico, con cada uno cubriendo a cabalidad lo dancístico y lo actoral de su personaje. Porque las paredes hablan, se ha sabido que la rotación en la asignación de roles ha traído sorprendentes éxitos. Este ‘Romeo y Julieta' es imperdible.

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