Succiones diabólicas

Fecha:

La película El inquisidor vuelve a poner en el candelero a la Santa Inquisición en Chile, ese espeso episodio lleno de azotes, cruces, llamas y felaciones.

 Al Santo Oficio, esa vieja institución algo aficionada a la gimnasia con aparatos y a una que otra creativa variedad de chamusquina con leña verde, y que fuera más conocida popularmente por todo el mundo como la Santa Inquisición, le dedicó nuestro querido historiador Benjamín Vicuña Mackenna un folleto publicado en 1860, donde le sacó la reverendísima contumelia. Corrupta, innoble y anticristiana fue lo menos que salpicó el tintero de don Benjamín contra ese tenebroso engendro de la intolerancia y el fanatismo religioso.
Siete años después, en 1867, un tal don José Ramón Saavedra, redactó un trabajo más extenso, en el que buscaba, según sus propias palabras, «trazar el panegírico» de aquel tribunal. A dicho panegírico respondió Vicuña publicando en El Mercurio , a mediados del año siguiente, otra encendida denuncia contra aquella KGB de la Iglesia Católica y sus repulsivos métodos coercitivos.Pero han tenido que pasar ríos de olvido bajo los puentes, siglos de mudez y de vistas gordas de los historiógrafos católicos, para que don Joaquín Agustín Eyzaguirre y Guzmán, de oficio cineasta, reflote ahora este importante tema en su ilustrada película El inquisidor .

La historia se desarrolla durante mediados del siglo XVII, cuando desde el Virreinato del Perú se considera que campea en Chile la herejía, la lujuria, la brujería y un «pecaminoso alejamiento de las costumbres», por lo que se resuelve enviar a un inquisidor, el dominico Alcázar de Romo, a poner a los chilenitos en vereda. Tras una ojeada a vuelo de pájaro, el emisario condena a toda la alta sociedad de nuestro país por el pecado de fornicación y, muy en particular, el horrendo pecado de sexo oral o «succiones nefandas».

Tuvimos la oportunidad de asistir a una exhibición privada de la película, protagonizada por un bien seleccionado elenco de actores chilenos. No somos expertos en cine, pero comprendemos a cabalidad el valor de esta película, fuerte y bien manufacturada, en su afán de indagación y develación de nuestro pasado, amén de valorar las hechuras de un hembraje bien muslado, de grato diseño y pocos trapos innecesarios, el que alimentó con sus corporalidades atormentadas nuestro algo sádico ojo inquisidor.

Es ésta una película importante como documento y un ejercicio audaz de recreación histórica y de lenguaje. Dejamos aquí constancia de que, después de Vicuña Mackenna y del bobalicón panegirista Saavedra, sólo Eyzaguirre, el cineasta, basado en el libro de una señora cuyo nombre hemos olvidado, vuelve a poner en el candelero este espeso episodio lleno de azotes, cruces, llamas y felaciones. Un tiempo que intuimos, de una u otra forma, traumatizó nuestra alma colectiva, llenándonos de un cerval pavor a la liberalidad sexual, del que recién y de un modo medio espinilludo y adolescente nos estamos sacudiendo el yugo. Celebramos este «ni perdón ni olvido» a uno de los instantes más negros contra nuestras libertades.

Compartir:

Hoy en lun.com

Tendencia

Artículos Relacionados

«Es parte de la normalidad que llueva en octubre, lo que es inusual es la cantidad»

Roberto Rondanelli, director del Centro de Ciencia del Clima...

El caso del juez condenado por huir de un accidente que logró anular el juicio

El magistrado Juan Carlos Maggiolo debe enfrentar un nuevo...

Profesor Salomón terminó extenuado tras grabar su reencuentro con Tutu Tutu

El club de la comedia usará el sketch para...

Inglés para el trabajo se convierte en el favorito de los cursos gratuitos

Oferta del programa Potencia+ que disponen el Sence y...