Planteles abren espacios para hacer una pausa y sacarse el estrés entre clases
Incluyen colchoneta con funda, luz y enchufe para recargar el celular.
Es lunes al mediodía. Vicente Gamboa, estudiante de Psicología, termina temprano su clase de Epistemología y aún faltan varias horas para el siguiente ramo. Aprovechando esa ventana de tiempo, se saca las zapatillas, se acuesta y cierra los ojos, desconectándose del mundo por alrededor de 40 minutos, según calcula después de la levantada y el consiguiente estirón.
Todo eso en un ambiente silencioso y con luz controlada, pese a estar al lado de un concurrido salón en el primer piso de la Casa de Estudiantes, dentro del Campo Patrimonial de la Universidad Alberto Hurtado (UAH). En algunas de las otras camas (hay 12 en total) solo se ven los calcetines de los ocupantes. Ese día, por lo menos, no se escucha ningún ronquido.
«Mi idea era poder descansar un rato, no sé si dormir necesariamente, pero sí recargar energía, después comer algo y ya después full al estudio», explica Vicente, quien valora la oportunidad de bajar las revoluciones en las cápsulas de descanso, como las bautizó la universidad, especialmente en el período de exámenes.
«Es primera vez que la ocupo y, la verdad, estoy muy contento con que se haya abierto este espacio. Las camas son muy cómodas y el espacio es bastante amplio. Tienen luz y también un enchufe, para cargar el teléfono», describe.
Cada capsula, de 92 cm de ancho, 95 de alto y 196 profundidad, contiene una colchoneta individual, parecidas a las compactas literas que se utilizan en los barcos. Se asignan por orden de llegada, los ocupantes se registran en una planilla y las normas de uso -que están pegadas en los cubículos- indican que antes de tenderse el alumno debe rociar con aerosol sanitizante la funda de la colchoneta, procedimiento que repite al terminar su reposo.
En la sala, una encargada cuida que nadie interrumpa la pausa y vigila las pertenencias de los usuarios. No se pueden realizar llamadas o comer. Sí son bienvenidos los tapones para oídos y los antifaces para dormir.
«Los espacios de este tipo son necesarios en las instituciones, porque de alguna manera es una parte esencial y necesaria para que los estudiantes rindan mejor», opina Vicente, antes de ponerse las zapatillas para continuar con su día de clases.
Una forma de cuidado
En sus primeros cuatro días de funcionamiento el espacio de descanso registró 245 usos, correspondientes a 224 estudiantes distintos: 11 volvieron en más de un día y otros se repitieron el sosiego en una misma jornada. El tiempo máximo que han registrado es una hora y media, aunque lo habitual es darse un respiro de entre 30 a 60 minutos.
Por facultad, los alumnos que más han acudido a las cápsulas son los de Derecho y Ciencias Sociales (48 estudiantes de cada una), seguidos de Psicología (39), Educación (30) y Economía y Negocios (27).
«Formamos a estudiantes que tienen múltiples demandas, y muchos de ellos no viven tan cerca de la universidad. Quieren dar lo mejor de sí, pero llegan a clases muchas veces después de haber trabajado hasta tarde, de haber cuidado a alguien o habiendo viajado dos horas en transporte público», comenta Antonia Larraín, vicerrectora académica UAH.
La idea surgió después de que una comitiva de la UAH visitó una universidad jesuita en México, que tiene una iniciativa similar. «Tratamos de entender mejor quiénes son nuestros estudiantes y nos dimos cuenta de que necesitan espacios de descanso que tengan cierta privacidad», destaca la académica.
«La universidad es un lugar para construir y cultivar el conocimiento, formarse profesionalmente, imaginar un futuro, pero sobre todo debiera ser un lugar donde puedes estar y te puedes sentir acogido. Para nosotros es la máxima expresión del cuidado que queremos tener con nuestros estudiantes», asegura.


