La ministra de Ciencia cuenta su historia de superación en Estados Unidos
En la vida no hay que tenerle miedo a nada, solamente al mal uso de la IA, dice.
La ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Ximena Lincolao, acaba de llegar de Kioto, Japón, donde participó en el «Foro de Ciencia y Tecnología en la Sociedad (STS Forum)». Allí suscribió la adhesión de Chile a la «Visión de Kioto para una Edad Dorada de la Ciencia», una hoja de ruta científica internacional respaldada por potencias del conocimiento como EE.UU., Japón, Alemania, Corea del Sur y Singapur; 17 países cuyo fin es vincular la ciencia con la industria, optimizar y fortalecer a las instituciones que financian y gestionan el desarrollo de la investigación, y aprovechar la IA en procesos científicos. Luego de 30 horas de vuelo, conversó con este diario sobre inteligencia artificial y su historia de resiliencia.
En 1997 usted emigró a EE.UU. siendo una joven de Maipú, con solo US$500 dólares en el bolsillo y sin hablar inglés; trabajó de mesera, de niñera, ¿qué recuerda de sus inicios?
«Solamente recuerdos positivos de ese tiempo, porque yo me fui de Chile en busca de oportunidades y fue lo que encontré en Estados Unidos. En ese tiempo en Chile no era tan fácil tener un trabajo a tiempo parcial, al final del día, o trabajar los fines de semana. No existía ese dinamismo; en Estados Unidos, sí. Tú puedes tener, si quieres trabajar siete días de la semana a 14 horas diarias, lo puedes hacer sin ningún problema. Ese dinamismo lo vi como la oportunidad para fomentar los cimientos que me hicieron lograr la carrera que puedo tener hoy día».
¿Cómo se formó?
«Yo me acuerdo que para buscar trabajo compraba el diario físico. Y en ese diario físico había un diario en castellano que tenía avisos de trabajo de restaurantes, de limpieza, qué sé yo. Y lo leía, buscaba la dirección e iba al lugar a hacer la entrevista en forma personal. Esos sacrificios a uno también le ayudan a tener músculo para trabajar largo rato, ser resiliente. Hoy día yo tengo un ritmo de trabajo muy intenso, trabajo muchas horas, pero eso ya es músculo que uno adquiere cuando empieza a trabajar de esa manera a temprana hora. Y también en Estados Unidos eso es muy reconocido: el esfuerzo personal, la dedicación. Yo era la primera que llegaba a los trabajos, la última que me iba; siempre tratando de hacer más, no solamente en lo que me competía, y los mánagers que tenía lo reconocieron en cada uno de mis trabajos. Por eso pude ascender y tener posiciones de más altura».
¿La flexibilidad laboral estadounidense la ayudó?
«Fue fundamental. Yo trabajé de profesora en Chile y el salario era muy bajo, y no había oportunidades de trabajo compatibles fuera de la jornada de pedagogía o los fines de semana en ese tiempo. La flexibilidad es crucial, porque cuando tú estás formando tu carrera, cuando eres joven, lo que se necesita son muchas oportunidades de trabajo para poder aprender y demostrar el valor que uno tiene, y así abrirse paso. Y, al mismo tiempo, uno puede estudiar, porque yo aparte de trabajar, también empecé rápidamente a estudiar. Empecé con cursos cortos, también estudiaba inglés yo misma, me compré un diccionario. Y esa oportunidad de trabajar en diferentes lugares, de poder también, por ejemplo, tres días en un lugar, cuatro días en el otro, e ir a trabajar en las tardes».
¿Cómo creó una firma enfocada en la capacitación laboral y el aprendizaje tecnológico mediante IA?
«Fue un tránsito que empezó a temprana edad, porque mi padre era lector. Leía mucho, leía el diario todos los días. Y yo lo vi leyendo desde siempre, entonces, ese fue un buen modelo desde pequeña. Así es que creo que la infancia que yo tuve alrededor de libros fue el cimiento más grande para tener poco a poco esa pasión por las humanidades, por las ciencias sociales y para ser curiosa. También en la enseñanza media tuve muy buenos profesores en el Liceo Municipal de Maipú, donde tuve un profesor muy bueno de Filosofía, que me hizo enamorarme de la filosofía, y luego también la profesora de castellano, que hicieron que yo estudiara la carrera combinada de Castellano y Filosofía en la Universidad de La Serena, de donde saqué una licenciatura. Luego, cuando llegué a Estados Unidos, todas esas habilidades, esa experiencia y formación, a mí me diferenciaron de otros inmigrantes. Y yo lo noté, porque en mi grupo de amigos de inmigrantes, muchos de ellos se quedaron en algún sentido con los mismos trabajos por mucho tiempo. Pero yo sí pude tener ascensos más rápidos; yo tenía herramientas que me diferenciaron».
¿Se considera usted un ejemplo de superación?
«Las personas con historias como la mía, lo que hacemos es abrir los modelos mentales a la posibilidad de que personas con este color, con este origen, con estos apellidos sí puedan aportar a la sociedad al mismo nivel que una persona que tal vez fue a un colegio de otro tipo o que tiene un apellido de otro tipo. Esos modelos mentales, esos estigmas que existen en la sociedad, solamente se derriban con ejemplos claros de que personas de vivencias diferentes».
¿Algún consejo?
«Mi mensaje es reconocer tus habilidades y esos valores, potenciarlos, profundizar esos conocimientos y buscar trabajos donde nosotros sintamos pasión. Porque, al tener pasión en el trabajo, uno lo hace con más ganas, no se siente como trabajo, es mucho más agradable. Si tú le preguntas a todos los fundadores de empresas exitosas, todos te van a decir: Busca algo en tu vida en lo que tengas pasión. Pero por otro lado, yo también les recomiendo aprovechar este momento que se vive hoy en día con los avances tecnológicos, que son únicos en el mundo. Es una época transformadora en la que jóvenes de la misma edad que ellos, en otras partes, están creando compañías, están avanzando a viento y marea porque nada es fácil. Si miras tú ahora las empresas que se están haciendo en el mundo, muchas de ellas son lideradas por personas de menos de 25 años. Entonces la juventud hoy en día, con o sin educación universitaria, tiene una oportunidad tremenda de subirse a esta carrera de la inteligencia artificial y ganar».
¿Cómo usa la IA?
«Como asistente y para amplificar y acelerar la productividad. Uso varios sistemas de inteligencia artificial. De hecho, hace bastantes años que la inteligencia artificial está en muchas tecnologías: ahora está en Google Drive, en Netflix, en Alexa, en Siri. Pero uso, por ejemplo, Slack, que tiene un sistema de mensajería para trabajo con inteligencia artificial muy eficiente. Uso Astra, el modelo de OpenAI, para un montón de cosas, pero siempre como asistente; nunca solamente para que me entregue una respuesta. De hecho, lo uso mucho menos en forma generativa y mucho más para hacer otras cosas, como diseño de presentaciones de PowerPoint: las hago ahí, le doy el texto y me hace el PowerPoint. Lo tengo conectado a Google Drive, entonces lo puedo ver en Google Drive, compartirlo con otros. En equipo se hace mucho más rápido para mí usarla de esa manera, como asistente».
¿Qué recomienda en IA?
«NotebookLM es un sistema gratis de Google que es muy bueno para escuchar, leer y estudiar temas. Entonces, una manera de entender algo difícil es leerlo primero, luego subirlo a NotebookLM, y la herramienta te lo lee y te da los puntos más clave. Yo uso también muchos podcasts que están asesorados por IA, porque mientras estoy haciendo cosas físicas, como lavar ropa o limpiar mi casa, me pongo audífonos y voy escuchando y aprendiendo al mismo tiempo. Recomiendo también escuchar a través de audífonos, cuando uno está haciendo otras cosas, videos de YouTube donde se explican conceptos básicos: qué es un LLM, qué es un chatbot, qué es la industria generativa o qué significa ser un agente y en qué se diferencia de otra cosa. Es importante entender estos conceptos para que, cuando haya opiniones sobre estos temas que a veces nos pueden asustar, uno ya conozca los conceptos de la fuente original y no tenga miedo, porque el miedo paraliza».
A propósito, ¿hay que tenerle miedo a la IA?
«En la vida no hay que tenerle miedo a nada, solamente al mal uso de la inteligencia artificial. Hay que tenerle miedo a que uno, por no saber, sea agente del mal uso. Por eso la información es poder, y por eso hay que educarse y capacitarse; porque cuando uno se paraliza por el miedo, hay una persona en otra parte del mundo que está empoderada, que está avanzando y que está utilizando las herramientas para progresar».


