Rara enfermedad tiene hospitalizado a Max Mellado

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El ex recluta de Pelotón teme no volver a caminar

Empezó con un dolor en la espalda, malestar que Maximiliano Mellado, a sus juveniles 21 años, asoció con cansancio o alguna mala postura. Ni con ungüentos varios el ex líder de la revolución pingüina de 2006 pasó el mal rato, hasta que el malestar comenzó a recorrer sus extremidades.

Primero pasó al pie izquierdo, después subió otra vez a la espalda, pasó a las costillas, para terminar en la rodilla derecha sumando el muslo con una hinchazón que le tiene la pierna al doble de su tamaño y con «miedo de no volver a caminar», como cuenta él.

Después de diez días cojeando, recién el domingo se decidió a partir al doctor, porque a esa altura «no podía ni pensar del dolor, tenía la pierna afiebrada», confiesa Max. De urgencia llegó hasta el Hospital Clínico de la Universidad Católica, escuchando el diagnóstico al ojo que lanzó su madre en el camino: «Debe ser una trombosis». La cosa no mejoró en el centro de salud, porque ni un equipo de médicos, compuesto por un traumatólogo, reumatólogo, un internista y otros especialistas, pudo determinar cuál es el mal que afecta a Max. «Los doctores están locos con esto, porque no saben lo que es, primero descartaron la trombosis y ahora piensan que puede ser un virus, pero no hay respuestas», dice desde su cama en una sala común.

Lo peor vino cuando le inyectaron morfina para paliar el dolor. Sucede que él, nunca en su vida, supo que era alérgico a este fármaco, así que «terminé en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Me vino una dificultad respiratoria, me fui a cero».

Y aunque ahora le están inyectando una variante para el malestar, eso no ayuda en nada a los pinchazos que recibe a diario para extraer el líquido de su pierna. «Es de un dolor inimaginable, lo han hecho cuatro veces y no se lo doy a nadie», dice.

Queda medio bloqueado con tantas inyecciones, pero cuando retoma la conciencia vuelve a pensar en ese diagnóstico que no llega y también en la cuenta que lo espera. «No tengo Isapre y me han hecho exámenes que son muy caros, como varios scanner o una resonancia magnética en cápsula, no sé cómo voy a pagar». Eso sí tiene claro que «lo principal son mis ganas de volver a caminar».

 

 

 

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