El ruso que encandiló a Borghi en la Peni

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Maxim Molokoedov es futbolista y cumple condena por tráfico

Juega bien ese rubio, dijo el Bichi, que sigue peleado con la prensa y que ayer lideró el lanzamiento de la Liga Penitenciaria.

Maxim Molokoedov esperó esta oportunidad hace semanas. Instalado en la ex Penitenciaría, el joven ruso de 23 años se enteró que Claudio Borghi, DT de la Roja, visitaría la cárcel donde hace once meses cumple condena por tráfico de drogas. Quizás, y si tenía un poco de suerte, podría marcar un golcito, convertirse en figura, ser aclamado por los presos y cambiar sus zapatillas con hoyos en la planta. «Equipo bueno, malas zapatillas», confesaba ayer el chico en un sobrio rusoñol.Por supuesto, su sueño se cumplió a medias: Molokoedov la rompió, anotó dos goles, pero en ningún caso los reos del penal lo aclamaron. Al contrario: lo insultaron y lo tapizaron con rudas alusiones a su cabello rubio. Sin embargo, igual se dio un gustito gigante. El Bichi, que sigue enojado con la prensa por el caso Peladilla a Cereceda, lo dirigió durante 20 minutos, en el partido inaugural del lanzamiento de una Liga Penitenciaria organizada por el IND. «Juega bien ese rubio, eh», tasó el entrenador, en medio del duelo entre la Galería 6 y la Selección Penitenciaria que venció por 7-2.

En la cancha, Maxim demostró que sabía hacer su pega. Paradito en el medio, distribuyó el balón y no se contagió con los, «espantachunchos» y bicicletas de sus compañeros. ¿De dónde venía tanto oficio? Antes de que el año pasado la PDI lo pillara en el aeropuerto de Pudahuel, como pasajero en tránsito, con libros infantiles y una maleta con seis kilos de cocaína, el joven desarrollaba una incipiente carrera como futbolista. Como mediocampista o delantero, su primer equipo fue el reputado Zenit, luego pasó al Dínamo de San Petesburgo y su última escuadra fue el Pskov 747, de la segunda división rusa.

«Fue muy simpático conmigo y me dijo que jugaba muy bien, que era un excelente delantero», contó sobre su experiencia con Borghi el futbolista, quien comenzó su trance en Chile cuando decidió en julio del año pasado irse de vacaciones a Argentina.

Según Aleksey Bragin, amigo de su familia, a Maxim lo cargaron con droga unos sujetos que conoció en Ecuador. «Él cometió el error de ser muy inocente y llevar ese bolso con cocaína que le encargó esta gente. Los primeros meses lo pasó muy mal porque no sabía ninguna palabra en español, pero ahora está mejor. Lo ayuda su carácter fuerte», cuenta Bragin, que este fin de semana lo visitará junto a un sacerdote de la iglesia ortodoxa rusa.

Tras el partido, varias cámaras siguieron a Maxim quien entendió que tanta atención podía significar una oportunidad. «Por favor ayúdenme a que mi mamá vea mi foto jugando», pidió, aunque pocos lo escucharon. De todas maneras, su esperanza está puesta en lograr, por su buena conducta, una rebaja en su condena y regresar de una vez por todas a su querida Rusia.

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