¿Por qué nadie pasa a los N.N. de «Gran hermano»?

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El casting buscó a los desconocidos que tuvieran menos posibilidades de opacar a los famosos del reality.

En la primera temporada de la versión local de ‘Gran hermano' todos los participantes que iniciaron esa aventura televisiva eran desconocidos para el gran público (con el programa en desarrollo se integrarían Sebastián Ramírez, Ignacia Michelson y Federico Farrell, todos con experiencias anteriores en el género reality). La gente, en forma espontánea, fue tomando como favoritos a una facción llamada ‘Los lulos' o ‘La resistencia', cuyo núcleo inicial eran Constanza Capelli, Jennifer Galvarini y Francisco Arenas. En el arranque de este segundo ‘GH', sin embargo, hay dos grupos claramente definidos.

Están los N.N., a los que yo llamo ‘Colectivo Carlalí', por el intenso olor a gladiolo mediático que se desprende de ellos, y los famosos, entre los que figuran el ya citado Ramírez, Michelle Carvalho, Pedro Astorga y Yuyuniz Navas. La pregunta que cabe formularse es ¿por qué esta vez los seguidores están apoyando a rajatabla a las celebridades y le dan la espalda a los ‘Mata fama' (así se hacen llamar) si a priori se podría haber pensado que los rostros nuevos se iban a ganar per se la simpatía de la teleaudiencia? Es muy extraño todo esto. Hay una suerte de esnobismo que hace que solo los don o doñas nadie que hagan migas con los famosillos reciban el favor del respetable. Es el caso de Patricio Estefan.

Y también este fenómeno opera como poderoso detergente de imagen: en la última nominación para la placa de eliminación cada jugador o jugadora que votara contra Ramírez recibía de vuelta, de parte del público del estudio, un pequeño abucheo. Y ya Camila Andrade, al volverse inseparable de Michelle y de Alexandra Méndez (‘la Chama'), asoma, si no como una de las favoritas para ganar, al menos como blindada por los partidarios de la brasileña y la venezolana.

Y eso que al momento de ingresar tanto Sebastián como Camila aparecían como funadísimos, por diferentes razones. Esto pasa porque los castings de ahora no eligen especímenes que caigan bien sino todo lo contrario. Se buscan los malos modales (Diego Bazaes le muestra el dedo medio a la cámara), la inconsecuencia (Camila Power es feminista, pero le celebra a Sebastián que se burle de los cantos y consignas de esa agrupación), la ausencia de habilidades blandas (Felipe Thompson tiene tanto tacto como un elefante en una cristalería) y apatía extrema (si hubieran puesto una foto de Antonia Casanova, la hija de Yuyuniz, yo al menos no habría notado la diferencia).

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