Lana Jozic repasa los 20 días que estuvo en Chile para los homenajes a Mirko, su padre
Se juntó con amigos de la infancia, fue a las fondas, tomó piscola de 40 grados, visitó la casa de Miguel Ramírez, quien le preparó pan y pizza y se lo lloró al partir, porque amo a Chile.
Son las seis de la tarde en Splitz, del miércoles recién pasado. Y Lana Jozic está afanada con el almuerzo de Ivano (11), su hijo menor. Luego de 20 días en Chile, retornó a su casa el lunes, por lo que el famoso jet lag todavía hace estragos en la familia. El niño se acostó a la medianoche, pero a las dos de la mañana figuraba jugando por toda la casa, con una pelota que le regaló Pedro Ruminot durante su estada en Santiago. Al final, se despertó a las tres de la tarde, sin poder ir al colegio.
Los recuerdos y la emoción de los homenajes a su padre Mirko Jozic están frescos, como también un molesto resfriado que la acompañó de vuelta hasta Croacia.
¿Quizás se resfrió por tanta celebración nocturna?
«En realidad, no salimos tanto en la noche, más nos juntamos en la suite del hotel Sheraton. Durante el día salíamos más y en la noche nos juntamos con amigos. La Fran Menichetti nos hizo dos carretes, uno cuando llegué y otro cuando nos fuimos, para despedirnos».
Para Lana, Francisca Menichetti es su mejor amiga, a quien conoció cuando llegó a Chile a los siete años, porque su papá, Eduardo Menichetti, era dirigente de Colo Colo y pasaba mucho tiempo con Jozic.
«A los carretes llegaron mis amigos del colegio Compañía de María de Apoquindo, donde estuve hasta los 11 años. También fue Malu Pasaron, una amiga del barrio donde vivía antes; amigos de la infancia, como Gustavo Calderón, Ljubica Vukelic, hermana de Katica, mi mejor amiga que vive en Noruega; Magdalena Schiavetti, Ignacio Pérez Tuesta, Diego Sáez, Constanza Vergara y Andrea Friedeman, entre otros. Son muchos amigos con los que todavía tengo contacto. Con el tío Eduardo éramos familia. Estábamos todo el tiempo juntos, con la Fran, con su hermano, hermana y con la mamá. Además nos juntábamos mucho con las familias de Ricardo Weisselberger y Álex Friedeman. Me hice muy amiga también de Cristina Ananías, que es la hijastra del Pollo Véliz, con el que mi papá trabajó en Sporting de Portugal, en 1998. Las reuniones estuvieron muy bonitas. Cristina me había ido a visitar un par de veces. Con Diego, que es periodista de la ADN, nos hicimos muy amigos, como también con Ignacio Pérez Tuesta, quien hace poco estuvo en la casa y escribió el libro de papá», contó.
«Nos juntamos en la casa de la Fran y de su marido Diego Ipinza. Yo creo que había unas 20 personas. Comimos, tomamos, hablamos y recordamos muchas cosas. Cuando llegué a Chile no dimensioné algunas cosas y estuve en estado de shock por unos días, pero lloré la vida dos días antes de irme y el día en que me fui tuve una depresión tremenda», aseguró.
¿Y por qué tanto?
«Porque amo a Chile y a mis amigos, me gusta. Todos estaban muy felices, y recibimos mucho cariño de la gente, todo fue extremadamente emotivo. El Club Social y Deportivo de verdad se pasó. Todos trabajaron tanto, tanto, tanto para que nosotros pudiéramos vivir los mejores momentos. Y, de verdad, se sintió todo el exceso de amor».
¿Qué comieron?
«Nada de comida croata. La mayoría de las veces fue carne chilena, empanadas, completos y mariscos. Y un día fuimos a un restaurante peruano muy bueno. Diego llevó a mi marido Tonci, al cerro San Cristóbal. Anduvimos por el centro, visitamos el Museo Precolombino. Hicimos otras juntas en casas, así que lo pasamos muy bien. Hubo muchas juntas en la habitación del hotel, en la suite Pablo Neruda, que tiene un living muy grande».
¿Qué hicieron para el 18?
«Para el 18 fuimos a la casa en Pirque de Carola Menichetti, hermana de la Frani. Todo fue muy tranquilo. De ahí, Tonci y yo nos fuimos solos a una fonda en La Reina. También estuvimos en el Parque Araucano y en la noche Edmundo Valladares nos invitó a un carrete a su casa. Así que nos quedamos hasta bien tarde».
¿Qué tomó: pisco, vino, cerveza?
«No me gusta el vino. Me encantan la cerveza y la piscola. Me gusta el pisco sour también».
¿La piscola suave o cabezona?
«Depende del día. Y en este caso el pisco creo que era de 40 grados. Al día siguiente, no tuvimos caña».
¿Probó el terremoto?
«Tomé en la casa de Edmundo Valladares. Lo encontré rico. Dulce, pero rico».
¿Cuál sería el ranking de las cosas que hicieron en Chile?
«Bien difícil esa pregunta, porque todo fue muy bonito. La junta con mis amigos y el homenaje en el Teatro Caupolicán están en el primer lugar. Las juntas fueron algo muy personal y emotivo. Y en el Caupolicán vimos a tantos hinchas, después de tantos años. Fue muy emotivo cómo nos recibieron. Así que pudimos recibir ese gran amor que nos tienen. Tonci se puso a llorar un par de veces porque no lo podía creer. Además está el homenaje a mi papá en el ex Congreso, todos de pie cantando el himno y canciones de la hinchada. En el número dos están las juntas en las casas con los amigos. Fuimos a la casa de Miguel Ramírez. Nos hizo pan y pizza. Debo decir que es un maestro. Su señora es muy simpática. También cuando mi papá firmó autógrafos para los niños de Esperanza Alba. Hizo unas 600 firmas y se sacó fotos. No quiso irse hasta que firmó el último autógrafo para cada niño y adulto. Lo tercero fue ver a Colo Colo en el Estadio Nacional, en los dos partidos contra el Audax».
Hace 12 años fue la última vez que Lana estuvo en Chile, pero piensa que ahora volverá pronto, porque «me están dando la nacionalidad por gracia para mi papá y para mí. O sea, estamos en el proceso. Así que si eso pasa, volveremos pronto. Aunque puede demorar como un año. Lo están haciendo la diputada Marisela Santibáñez y Edmundo Valladares».
¿Entonces, la próxima vez que venga puede que ya sea chilena?
«Si Dios quiere, sí. Me encantaría. Pero ya me siento chilena, aunque no tenga el documento».


