Con Marcela Vacarezza no

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Decir que la rubia es famosa gracias a Rafael Araneda es venir de Marte.

Suele pasar que se detesta algo que uno mismo es o ha sido o hace o ha hecho. Sigmund Freud. Proyección.

Me vino a la cabeza el concepto cuando leí que Daniella Campos acusó a Marcela Vacarezza, flamante adquisición de «¡Hay que decirlo!», de ser una colgada de su marido Rafael Araneda.

Lo digo porque cuando ella conoció a Iván Zamorano él era una megacelebridad, había salido nada menos que goleador de la Liga española («pichichi») y campeón con el Real Madrid.

Claramente no es la más indicada para hablar de mujeres que usufructúan de la fama de sus parejas ni que saltan al firmamento mediático usando a sus medias naranjas a modo de trampolín.

No es muy elegante ir por la vida teniendo más cara que espalda, como reza el dicho español para referirse a quienes critican lo que han sido. A propósito de la Madre Patria, un cariñoso saludo desde esta columna al correctísimo Manu González, uno de los defenestrados del mencionado programa de Canal 13, junto con Gissella Gallardo y Alexandra Vidal.

Por allá por mediados de los 90 fui con mis padres y hermanos a Chile Films a grabar para un programa. Era un concurso animado por Jorge Aedo. Allí vi pasar a Marcela. Comprenderá que hubo un antes y un después de ese momento epifánico. Nunca más vi pasar a ninguna otra mujer. No al menos como pasó Marcela ante mis ojos.

El nombre de Rafael Araneda lo empezaba a tener presente. Era el muchacho que animaba «Revolviéndola». Para seguir con la psicología, lo del Rafa era la terapia del grito primal aplicada a la animación televisiva. Era Claudio Palma antes de que asomara su nariz Claudio Palma por el Canal del Fútbol.

Entonces, que yo recuerde, los dos eran igual de promisorios o eran catalogados al mismo nivel como figuras emergentes en la fecha en que todos los empezamos a reconocer como pareja.

No fue que Araneda ya era el «tío conductor» y que Marcelita se presentó como una bailarina de la primera generación. No fue que Rafael animaba «Noche de juegos» y su actual esposa era una de las modelos del programa.

Tampoco que él tuviera varios festivales de Viña en el cuerpo como anfitrión y que ella llegara recién, como una novel estandapera a ser ofrecida a las fauces del monstruo.

Me extraña sobremanera de Daniella (Miss Mundo Chile 1998) que no sepa que Marcela fue Miss Chile dos años antes de que Rafael llegara a La Red.

Y por último, por una cuestión de estatura, el colgado debería ser él. «Le queda como llavero», dirían los cómicos de antes, cuando se podía hablar de todo.

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