En Harvard aseguran que siempre, siempre hay espacio para el postre: se debe a la saciedad sensorial específica

Fecha:

Así funciona su cerebro cuando reconoce algo como placentero

Puede haberse dado un tremendo banquete, sentir que no hay espacio ni para un trocito más de su carne favorita, pero si le preguntan si quiere postre, lo más probable es que diga que sí. Independiente si el postre tiene azúcar o endulzante: su cerebro logrará que sienta deseos de comer algo más, como lo explica el estudio integrado por científicos de Harvard, «El azúcar dietético inhibe la saciedad al disminuir el procesamiento central del sabor dulce», porque en ambos casos, destaca el trabajo, «las alteraciones del gusto dependientes de la dieta, debilitan la saciedad al alterar el procesamiento central de las señales sensoriales» (lo puede leer aquí https://goo.su/yUp58). En resumidas cuentas, el postre hace que usted piense que no está saciado todavía.

Experiencias positivas

La investigación, junto con experiencias científicas anteriores, demuestran que el apetito está conectado a regiones del hipotálamo que se desactivan con la ingesta de glucosa, incluso, solo con pensar en ello. «Como la persona sabe que ha tenido experiencias positivas con ese alimento, lo va a comer igual, pese a que no tiene necesidad metabólica», plantea la doctora Eliana Reyes, nutrióloga y directora de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de los Andes. «Supera todos los controles de voluntad, de saber que ya no puede comer más, lo hace igual. Porque es algo que lo atrae, no porque tenga el espacio para comerlo», agrega.

Recompensa

Una explosión similar a lo que ocurre en su boca cuando da un mordisco a un volcán de chocolate, es lo que los neurotransmisores emiten al cerebro para que siga comiendo. «Funciona como una recompensa», explica el doctor Roberto Arellano Cohen, neurólogo de RedSalud. «El efecto placentero, desde el punto de vista energético, es de corto alcance. Lo dulce es capaz de activar distintas áreas del cerebro que determinan que este tiempo de degustación es muy satisfactorio. Uno de los sistemas que se activa es el sistema límbico. Al hacer circular los neurotransmisores, que son mensajeros biológicos, intervienen en los sistemas de retroalimentación positiva y generan adicción, como una droga», advierte.

Cambio de sabor

Otro de los puntos que juegan a favor de ese creme brulée, un tiramisú o alguna otra dulzura, es el cambio de sabor. Su paladar necesita pasar de dulce a salado, como buen sibarita. Jean Camousseigt, nutriólogo de la clínica Dávila, dice que incluso pasa por una necesidad que está presente en distintas sociedades.»En la mayoría de las culturas, al alimentarse hay un cambio de sabor. Puede ser con una fruta, con un dulce, con un café, incluso», ejemplifica. «Pero principalmente es por algo mental. Un postre es como un antidepresivo», resume.

Saciedad sensorial

Catalina Garrido, ingeniera en biotecnología y directora de Liva Company, dice siempre hay un espacio adicional para el postre, por un fenómeno «al que los científicos llamamos saciedad sensorial específica, que en palabras simples es porque «nos aburrimos de comer un alimento por un determinado tiempo y necesitamos generar otro tipo de estímulo sensorial, ya sea de textura, sabor, color, para experimentar plena satisfacción». Añade que los dulces estimulan la liberación de dopamina en el cerebro, «la cual se relaciona con las sensaciones de placer, bienestar y relajación. También se ha demostrado que ayuda a estimular el aprendizaje, la memoria y la motivación. Es por esta razón que las personas recurren a comer algo dulce de forma inconsciente, para sentirse bien, para aliviar el estrés, la ansiedad o emociones negativas que afectan su desempeño diario», complementa.

Saciedad

En el proceso de saciedad interactúan dos mecanismos, comenta Amaru Latorre, nutricionista senior de OK to Shop. «Uno químico; donde diversas señales de regulación interna disminuyen la ingesta gracias a hormonas y neuropéptidos generados en el intestino delgado y estómago, y otro físico; cuando el estómago se llena de alimento, generando señales de saciedad por distensión de sus paredes». Además de los mecanismos fisiológicos, menciona, «existe la saciedad condicionada o sensorial específica. Este concepto está asociado al placer que obtenemos de los alimentos, y sugiere que nuestro cerebro se activa cada vez menos al comer el mismo alimento, pero vuelve a activarse al pensar en algo dulce, anulando la sensación inicial de saciedad».

«Un postre es como un antidepresivo», Jean Camousseigt, nutriólogo.

Compartir:

Hoy en lun.com

Tendencia

Artículos Relacionados

«Es parte de la normalidad que llueva en octubre, lo que es inusual es la cantidad»

Roberto Rondanelli, director del Centro de Ciencia del Clima...

El caso del juez condenado por huir de un accidente que logró anular el juicio

El magistrado Juan Carlos Maggiolo debe enfrentar un nuevo...

Profesor Salomón terminó extenuado tras grabar su reencuentro con Tutu Tutu

El club de la comedia usará el sketch para...

Inglés para el trabajo se convierte en el favorito de los cursos gratuitos

Oferta del programa Potencia+ que disponen el Sence y...