Encendido festejo del Negro con Belén: «¡Es mi primera dama!»

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Desatada celebración en el comando ganador

Andrea Molina piropeada, el Dandy dando jugo y Carolina Plaza paseando la guagua.

Para Judas, un perrito labrador del Gope que buscaba explosivos, fue un momento de terror. Mientras olfateaba con propiedad cada rincón del principal salón del Hotel Crowne Plaza donde estaba instalado el piñerismo, un estremecedor grito de «braaaaaaavo» y de «síiiiii» lo descolocó. En el acto, el can no movió más su cola y, asustado, se retiró con las orejas caídas.

El rugido que provocó la reacción de Judas, fue motivado tras la lectura del primer cómputo del subsecretario del Interior Patricio Rosende y que indicaba que Piñera derrotaba a Frei. Ese fue el instante mágico que llenó de vida a los simpatizantes del nuevo Presidente.

Exultante, Kike Morandé comenzó a repartir abrazos y a pelear con su Iphone porque no se podía comunicar con Willy Sabor, mientras Marcela Sabat, bañada en champaña, explicaba que había sido «un error aritmético, pero no político» su proyección de 53% contra 49%, que totalizaba un extraño 102%. Por otro lado, Arturo Longton les dedicaba a los concertacionistas la glamorosa frase de «Que la sigan.» de Maradona, y Juan Cristóbal Foxley, algo hiperventilado, gritaba «Te gané, Sergio Lagos, te gané».

Enfiestada y piropeada, Andrea Molina se paseaba regalando calcomanías del «gran Sebastián» y la ex UDI Carolina Plaza posaba orgullosa con su guagua Matías, de un mes y medio. «Viene con la marraqueta», advertía. Y Mary Rose Mac-Gill, la socialité amiga de la ópera, anunciaba que «ojalá el arte llegue a todas las clases sociales».

Por supuesto, el otro centro de atención fue el Negro Piñera y su pareja Belén Hidalgo. Él gritó, cantó, sudó y le puso una banda presidencial a la rubia. «Es mi primera dama», dijo. Y ella dejó en claro sus planes para el próximo gobierno. «Me gustaría tener una fundación que promueva el deporte para luchar contra la obesidad». Y Joaquín Lavín reconocía «que había pasado susto», pero que estaba «feliz y emocionado».

Más tranquilo que todos, Cristóbal Piñera, el hijo del candidato ganador visualizaba el futuro. «Tengo que buscar pega, no quiero trabajar en el gobierno de mi viejo. Hay que predicar con el ejemplo», decía, antes de recibir una nueva ráfaga de abrazos.

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