Matar al hijo

Fecha:

FOTOS DE REFERENCIA (Cargar Manualmente):

FOTO 1
Ruta: /2015/02/22/Politica@1_G9I2KP8P4_1_POL_bellolio_2202_IMG.jpg
Título/Pie de foto: Cristóbal Bellolio


No sería raro que sus asesores le recomienden guardar estricto silencio acerca del llamado DavalosGate.

Cristóbal Bellolio

Michelle Bachelet regresa de vacaciones y son muchos los que están esperando que se pronuncie respecto del Caso Caval y la renuncia de su primogénito al cargo de director sociocultural de la Presidencia. Sin embargo, no es evidente que lo haga. Bachelet ha hecho carrera política por una serie de virtudes, una de las cuales es hablar poco. Las veces que dice lo que piensa -como cuando advirtió que su instinto le aconsejaba retrasar el Transantiago- se mete en problemas. Por lo anterior no sería raro que sus asesores le recomienden guardar estricto silencio acerca del llamado DavalosGate. La esperanza es que marzo venga cargado a la discusión legislativa y los avatares del «primer damo» queden archivados en el olvido. Por cierto, es una estrategia que irritará a la oposición y a todos quienes consideran que es imprescindible saber cuánto sabía la Presidenta de los negocios de su hijo.

Si decide romper el hermetismo los caminos disponibles son básicamente dos. El primero es prestarle ropa a Sebastián Dávalos. Es decir, confirmar la versión oficial: fue un acuerdo entre privados, no hubo nada ilegal y su hijo dio una lección de generosidad al dar un paso al costado para no afectar al gobierno. Probablemente sea la opción favorecida por su incondicional amor maternal. Pero no es la mejor de cara a la opinión pública. La ciudadanía ya se hizo una idea -justa o injusta- acerca del talante moral de Dávalos. Si Bachelet opta por protegerlo, se contaminará con un libreto que casi nadie se cree.

Tiene una segunda alternativa: reconocer que Sebastián Dávalos fue imprudente pues no comprendió a cabalidad las exigencias de una estricta separación entre negocios y política, que sin ir más lejos es la conocida crítica del bacheletismo a Sebastián Piñera. Si la Presidenta le tira las orejas públicamente a su hijo la señal política es relevante: al vestirse de Abraham ofreciendo en sacrificio a la sangre de su sangre, Bachelet recuperaría la altura ética que se requiere para demandar gestos equivalentes a sus adversarios (que hasta el momento no han hecho efectiva ninguna responsabilidad política por el Caso Penta).

En el juego del poder se suele hablar de la necesidad de «matar al padre» cuando los hijos tienen que sacudirse la sombra paterna (o materna) para brillar con luces propias. El Caso Caval pone a Bachelet en una situación curiosa, pues le conviene «matar al hijo» para cortar una infección que en apenas una semana fue capaz de enfermar a su administración. No es muy probable que lo haga -madre hay una sola- pero es una buena salida para convertir una crisis en una oportunidad.

Compartir:

Hoy en lun.com

Tendencia

Artículos Relacionados

«Es parte de la normalidad que llueva en octubre, lo que es inusual es la cantidad»

Roberto Rondanelli, director del Centro de Ciencia del Clima...

El caso del juez condenado por huir de un accidente que logró anular el juicio

El magistrado Juan Carlos Maggiolo debe enfrentar un nuevo...

Profesor Salomón terminó extenuado tras grabar su reencuentro con Tutu Tutu

El club de la comedia usará el sketch para...

Inglés para el trabajo se convierte en el favorito de los cursos gratuitos

Oferta del programa Potencia+ que disponen el Sence y...