Puccini para la risa

Fecha:

La gestión de Merlín Comunicaciones, con el activo gestor Gian Paolo Martelli a la cabeza, acumula en poco tiempo una respetable producción de espectáculos operísticos, compitiendo codo a codo con otras instancias históricamente relacionadas al género. Muy loable labor emanada desde el ámbito privado.

Revisemos. A «Carmen» y un recital de homenaje al centenario del nacimiento de  María Callas, en 2023, se sumó en marzo pasado un inédito «Rigoletto» (en su versión francesa original prohibida) y, hace poco, «Gianni Schicchi» de Puccini más un desfile de arias de este compositor, quien este año cumple un siglo fallecido.

Esta última ópera rompe esquemas en el legado pucciniano, por su brevedad de menos de una hora, por la abundancia de personajes (14) y, más que nada, por ser una hilarante comedia de humor negro, incluso macabro, en que el patético drama de una parentela desheredada es motivo de risa.

Presentada en la sala CorpArtes en cuatro funciones agotadas, la producción convocó a un buen grupo vocal, con cantantes consagrados y otros más emergentes, que ofrecieron un desempeño global de primera línea. En la única gran aria ?la célebre «O mio babbino caro»? se lució la ascendente soprano Constanza Olguín, arrancando un efusivo aplauso. En el rol titular el barítono argentino Omar Carrión, un veterano cantante que sabe hacer muy bien las cosas, brindó un desempeño notable en lo vocal, aunque con una comicidad que le costó asomarse.

Gran papel desarrolló Eduardo Gajardo, en su debut operístico en grande, al dirigir la Orquesta Filodramática de Chile en una partitura muy dialogante, nada de fácil.

En los aspectos escénicos primó la simplicidad, suficiente para ambientar de buena manera el acto único. La dirección teatral del propio Martelli fue la justa en movimientos y comicidad. Se echó de menos, claro está, un trabajo de iluminación más acabado, no tan uniforme y de excedidas claridades, que acompañara mejor el ambiente fúnebre y de velatorio que domina la ópera. Un acierto, en cambio, fue el vestuario en blanco y negro para todos, con la excepción de Schicchi, cuyo atuendo rojo replicó el diseño del estreno mundial (1918) y en cierta medida añadió divertidos matices diabólicos al astuto personaje.

Merlín tiene nombre de mago, pero en este «Gianni Schicchi» no hubo magia; sólo buenos hechos concretos y verdaderos engrandeciendo nuestro quehacer en el arte lírico, desde una sala que recibió por primera vez una ópera.

Compartir:

Hoy en lun.com

Tendencia

Artículos Relacionados

«Es parte de la normalidad que llueva en octubre, lo que es inusual es la cantidad»

Roberto Rondanelli, director del Centro de Ciencia del Clima...

El caso del juez condenado por huir de un accidente que logró anular el juicio

El magistrado Juan Carlos Maggiolo debe enfrentar un nuevo...

Profesor Salomón terminó extenuado tras grabar su reencuentro con Tutu Tutu

El club de la comedia usará el sketch para...

Inglés para el trabajo se convierte en el favorito de los cursos gratuitos

Oferta del programa Potencia+ que disponen el Sence y...