José Pedro Aninat lleva poco más de siete meses pololeando con Sofía Zawels
Para mí entregarme al amor es ir con todo, y la última vez que me entregué así, esa persona partió. Eso te frena. Te da miedo volver a sentir algo tan lindo sabiendo lo que puede costar. Es algo que se trabaja, admite el ingeniero comercial.
En los dos años que ha vivido sin la presencia de quien fue su esposa, José Pedro Aninat tiene claro que una de las acciones que más lo ayudó a enfrentar el duelo por la pérdida de Juanita Lira, con quien se casó en agosto de 2017, fue hablar. Ese simple acto, dice él, «salva». Juanita, diseñadora, influencer y creadora de La ruta saludable, falleció el 27 de julio de 2024 a sus 31 años debido a un cáncer que enfrentó durante nueve años. Durante ese tiempo, José Pedro fue su cuidador y transitaron con optimismo todo lo que provocó en sus vidas la enfermedad. Luego, tras la muerte de «Juani», como le decía él, con generosidad compartió en su cuenta de Instagram (@jpaninat) reflexiones que lo han ayudado a transitar por la vida sin su gran compañera.
Hoy el ingeniero comercial y autor del libro «En salud y enfermedad» vive una nueva etapa en su vida. Desde hace poco más de siete meses está pololeando con Sofía Zawels. A ella la conoció «en una fiesta, casi por casualidad. Teníamos una amiga en común, nos saludamos y terminamos conversando toda la noche. Formalmente estamos juntos desde enero». Su relación la define «como un pololeo normal, pero más maduro. Más claro, más transparente, mucho más conversado. Tiene las complejidades que tienen todas las relaciones, y además cada uno llega con su mochila. Lo que cambia es que las mochilas no se esconden: se ponen sobre la mesa desde el principio».
¿Hubo un momento en que sintió que estaba listo para una nueva relación o simplemente pasó?
«Nunca sentí que estaba listo. Creo que ese momento no existe. Esta conversación la tuve con la Juani un par de veces. Ella me decía estoy tranquila porque vas a estar bien. Me da rabia porque vas a encontrar a alguien rápido, pero por suerte no voy a estar. Lo decía medio en serio, medio en broma, pero era real. Ella siempre quiso lo mejor para mí, como yo para ella. Entonces no me puse a esperar una señal. Lo que hice fue abrirme: salir, volver a reírme, pasarlo bien, avanzar. Conocer a la Sofía fue una suerte, algo totalmente inesperado. Y creo que justamente por eso es más sano y más fuerte: no lo salí a buscar».
¿Cómo lidió con volver a sentir amor romántico por otra mujer?
«Es una emoción difícil de asimilar. Para mí entregarme al amor es ir con todo, y la última vez que me entregué así, esa persona partió. Eso te frena. Te da miedo volver a sentir algo tan lindo sabiendo lo que puede costar. Es algo que se trabaja. Cuesta harto, lo digo por dentro, pero se logra. Al principio es raro: son muchas emociones juntas, sientes que no corresponde, que estás haciendo algo malo. Y después, siempre conversando, te vas dando cuenta de qué es lo que sigue. Y que la persona que partió te lo desearía. La mía me lo dijo en la cara».
A quienes están en un duelo más reciente, ¿les diría que es posible volver a sentir amor y tener momentos de felicidad?
«Sí, se puede. Es un trabajo, no aparece solo, pero se puede. Quedar viudo es como que te amputen un brazo. Al principio no sabes cómo vivir con eso. Después, si le pones la actitud y andas con la frente en alto, te das cuenta de que puedes volver a hacer todas las cosas que te gustan. De otra forma, sí, pero las haces. Y sobre la felicidad: la construye cada uno. Hay mil variables en el medio, pero si enfrentas el día a día encontrando algo bueno en lo chico; un café, un paseo con el perro, una conversación sin apuro, esa base te sostiene. Después toca lidiar con las otras emociones, que siguen ahí. Pero cuando la base es esa, lo demás se va dando. Lo que yo repito siempre: el duelo no termina, se transforma».
¿Tuvo miedo del qué dirán por una nueva relación?
«Cada persona vive su duelo a su manera, y nadie de afuera tiene cómo saber lo que pasa adentro de una casa. En mi caso, el qué dirán no me quita el sueño. Lo que sí me importa es no pasar a llevar a nadie, menos a mis cercanos. Mi círculo perdió a la persona que lo lideraba, y los pasos que uno da después tienen que ser cuidadosos y conversados. Así lo intenté hacer yo: hablando antes, no después. Esa es la diferencia. No se trata de pedir permiso, se trata de cuidar a los tuyos mientras avanzas. Las dos cosas se pueden».
Usted postula que hablar salva, ¿eso es algo que va a aplicar de por vida?
«Sí, y es lo que más busco con mis redes hoy. No muestro mi día a día: lo que quiero es empujar a la gente a hablar de emociones. Sobre todo, a los hombres, que nos cuesta un mundo. Hablar es enfrentar antes de que explote. Es tener la conversación incómoda, poner todo sobre la mesa. Porque cuando no hablamos, suponemos. Y suponer es lo peor: puedes tener toda la buena intención y llegar igual a la conclusión equivocada, y eso desarma cosas que costaron años. Vivimos en una sociedad súper superficial y exitista, donde mostrarse vulnerable espanta. La invitación es a sentarnos a hablar con los cercanos; familia, amigos, y conocernos de verdad, desde adentro. Con la Juani hablamos todo y por eso no me quedó nada pendiente. Eso es lo que trato de pasarles a otros».


