Muy cotizadas, especies de regiones semiáridas o muy frías se adaptan bien al terreno y el clima
Liderado por un ingeniero agrónomo, proyecto partió en zonas con alto potencial para cada plantación.
El pistacho está de moda. Ya sea como relleno del famoso chocolate de Dubai o por su recurrente aparición en las dietas saludables, este fruto seco de forma ovalada, cáscara dura y un color verde intenso es uno de los grandes protagonistas culinarios del último tiempo. Este árbol crece principalmente en regiones semiáridas o desérticas, como Irán o Turquía.
El calafate, por el contrario, es una baya de color morado oscuro que se desarrolla mejor en el clima frío de la Patagonia chilena y argentina. Se usa en postres, mermeladas o licores y es muy conocido por sus propiedades antioxidantes.
Son especies que parecen opuestas por el clima donde se desarrollan, pero convergen en un lugar inesperado: la Región de Ñuble, donde 23 agricultores ya están plantando las primeras plantas de pistacho, calafate y macadamia en la zona.
«El objetivo principal es buscar aumentar las alternativas productivas para la región, con especies que sean no solamente innovadoras, sino que también tengan un alto potencial comercial y, a la vez, sean resilientes al cambio climático; o sea, que puedan tolerar el déficit hídrico y las condiciones extremas», explica Jorge Retamal, ingeniero agrónomo e investigador del INIA Quilamapu a cargo del proyecto, quien es apoyado por el gobierno regional.
Poca agua
Tras un análisis agroclimático, los investigadores establecieron las zonas con mejor potencial para cada especie dentro de las 21 comunas de Ñuble. El factor crítico es optimizar el agua y generar una menor demanda de energía eléctrica, lo que disminuye la inversión para mantener funcionando los sistemas de riego.
«El calafate se adapta muy bien a nuestras condiciones. Logra producir un muy buen volumen incluso si bajamos un 50% la evapotranspiración del cultivo, que es como se mide la demanda de agua. Si el potencial de agua que se evapora lo disminuimos a la mitad, aún así la planta es capaz de sostener altos niveles de producción», asegura el profesional.
«De hecho, al calafate le sirve mucho el exceso de calor, porque ayuda a que tenga mayor capacidad antioxidante el fruto, que es lo que se busca», agrega.
El pistacho se acomoda a terrenos desfavorables para la agricultura. «Todos los frutales requieren un suelo libre de anegamiento, pero si lo vemos desde el punto de vista químico esta especie se adapta a suelos pobres, con baja disponibilidad de recurso hídrico», destaca.
Para hacerse una idea: el pistacho no necesita más de 5.000 metros cúbicos de agua por hectárea al año, versus un nogal o un palto, que requieren más de 10.000 metros cúbicos.
A este ahorro se le suma el buen precio de mercado que tienen estos productos. «El pistacho y la macadamia están sobre los $10.000 el kilo», calcula el investigador.
Proyección
Los 23 agricultores pioneros recibieron capacitación, insumos y apoyo en la preparación del terreno para lanzarse con el proyecto. La idea es que sus plantaciones actúen como parcelas demostrativas, que sirvan como guías para futuros productores.
«Es una causa noble y de un impacto tremendo que va en beneficio de pequeños productores que tienen una agricultura de subsistencia. Esto le va a permitir dar un salto tremendo a la fruta, cambiándoles la vida desde el punto de vista productivo y económico», valora Carlos González, presidente de la Asociación de Agricultores de Ñuble.
¿Cuánto demoran el calafate, el pistacho y la macadamia en crecer? «Uno espera que exista una cantidad de fruta que sea viable económicamente», proyecta Jorge Retamal. «En el caso del calafate, al tercer año ya empieza a cosechar; la macadamia y el pistacho se espera entre cuatro o cinco años. La idea es plantar altas densidades para no sobrepasar esos tiempos de espera y obtener una cosecha que sea rentable», aclara.
La carrera
Además de introducir y evaluar nuevas variedades de plantaciones, el ingeniero agrónomo se dedica también al estudio de suelos, analizando las propiedades para determinar si faltan nutrientes, define el tipo y cantidad de fertilizantes y diseña programas de riego eficientes.
Dependiendo del tamaño de los cultivos puede usar tecnología de monitoreo avanzadas -como drones o sensores- o administrar recursos de maquinaria o personal.
Según el portal Mifuturo.cl del Mineduc, el ingreso bruto promedio de los ingenieros agrónomos llega a $1.729.270 al cuarto año de titulados y la empleabilidad ronda el 76%. En 2025 había 7.017 matriculados en la carrera y se titularon 938 nuevos profesionales.


