Tabla comparativa con Montessori y Waldorf: ¿cómo saber cuál le acomoda a su hijo?
Esta llegando con mucha fuerza, opina académica de la U. Central.
Apenas acabada la Segunda Guerra Mundial, en 1945, un grupo de familias de la ciudad de Reggio Emilia, al norte de Italia, decidió cambiar su mirada hacia la infancia: concluyeron que una educación donde los niños fueran tomados más en cuenta, aprendieran a colaborar y desarrollaran un pensamiento crítico, podría sentar las bases para que en futuro evitaran repetir las atrocidades que se habían visto en los combates.
El movimiento, que surgió en escuelas autogestionadas, se hizo conocido con el nombre de la ciudad donde se inició y fue expandiéndose gracias a la labor del pedagogo Loris Malaguzzi.
«Esto se va traduciendo en una filosofía que abarca sobre todo la educación de cero a seis años, en donde empieza a generarse una propuesta educativa con una conciencia muy diferente a cómo se visualizaba lo que era el niño y sus capacidades en ese entonces», comenta Fabiola Acuña, directora educativa de Casa Colmena Preschool, un nuevo jardín infantil basado en las ideas de Reggio Emilia.
«El niño puede manifestar sus pensamientos y emociones a través de distintas materialidades. No se rige por lo que el adulto planificó, sino que el propio niño guía los temas a través de sus intereses. Genero mi propio aprendizaje en la medida en que voy explorando mi ambiente», agrega.
Al hablar de materialidades no se refiere a las típicas témperas o plasticinas. Más bien recurren, por ejemplo, a hojas, ramas, semillas o tintas a base de alimentos, como betarragas. «Se trabaja mucho con la arcilla, porque es un material maleable y que cambia si le pones agua. Lo que partió siendo un proyecto el lunes, para el viernes ya cambió totalmente, puede ser ahora un trabajo colectivo», aclara.
Los trabajos los desarrollan en el atelier, especie de taller o laboratorio creativo y artístico. El foco es que los más pequeños desarrollen sus «100 lenguajes», como denominan a las distintas formas de expresarse.
¿Da más posibilidad a los niños de crear a partir de ellos mismos?
«Exactamente, le otorga más posibilidades, que el adulto va tomando y les va dando el contenido. Una pregunta típica que hacemos es ¿qué te hace decir eso?, porque así voy cuestionando y voy habilitando que el niño piense por qué está eligiendo A y no B».
La educadora tuvo que viajar a Italia para aprender cómo implementar esta pedagogía. «Reggio Emilia tiene el centro internacional Loris Malaguzzi, que es donde se aprende, en Reggio Children. Ahí participas de varios cursos que dan la posibilidad no sólo de formarse teóricamente, sino de poder visitar las escuelas. Eso permite aproximarte de una manera mucho más eficaz a cómo se desarrolla esta filosofía in situ, cómo es la interacción con los niños, cómo es el ambiente», asegura.
«A pesar de que no es una filosofía nueva, a Chile ha llegado poco, con un número contado de jardines infantiles que la están promoviendo; pero sí hay muchas familias que están interesadas», asegura. Informaciones en casacolmenap.cl (https://s.lun.com/casw67).
Las diferencias
Si bien hay sistemas que son más conocidos, como Montessori o Waldorf, hoy Reggia Emilia arremete por los palos. «Hasta ahora ha sido patrimonio de quienes trabajamos en el ámbito de la educación infantil, que lo conocemos, pero ya está llegando con mucha fuerza», opina Jocelyn Uribe, directora de Educación Parvularia de la Universidad Central.
¿Sus principales diferencias? «Reggio Emilia favorece la creatividad, el pensamiento crítico, la investigación y el aprendizaje colaborativo; también integra mucho el arte y la comunicación. Montessori potencia significativamente la autonomía, la concentración, la autorregulación y los aprendizajes a partir de ritmos propios de los niños. Waldorf, por su parte, tiene un énfasis muy marcado dentro de la creatividad, las experiencias artísticas, la imaginación, el contacto muy estrecho con la naturaleza y el desarrollo socioemocional», detalla.
La académica es enfática en que no existe una receta universal para saber cuál forma de aprendizaje se adapta mejor a cada infante -«hay que evaluar las características individuales, sus necesidades, su forma de relacionarse»-, pero sí hay algunas guías que pueden ayudar a tomar la decisión.
«Si veo que mi hijo es potencialmente muy creativo y artista, le gusta pintar, crear cuentos y tiene un contacto muy estrecho con la naturaleza, desde ese punto de vista el mejor enfoque podría ser Waldorf», indica.
«Pero si noto que mi hijo necesita desarrollar la autonomía, autorregularse, tener mayor concentración, ahí la mejor opción sería efectivamente Montessori», agrega.
«Reggia Emilia favorece también mucho la creatividad, podría ser un ensamble con la metodología Waldorf en cuanto a desarrollo artístico, pero aparte favorece el pensamiento crítico, la investigación, la participación de los niños, que todo sea colaborativo y surja de sus intereses», concluye.


