«A la nueva derecha yo la llamo la vieja izquierda»

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Hermógenes le hace la cruz a invención conceptual de Hinzpeter

Dice que son ex derechistas que se pasan al otro bando en busca devotos.

En diálogo con la revista Capital, el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, lanzó el concepto «nueva derecha» que, en síntesis, toma ropajes de los que se conocería por «progresismo». En la UDI fruncieron el ceño. El presidente Sebastián Piñera reforzaría la idea con el diario «El País».

Hermógenes Pérez de Arce no compra la novedad filosófica.

-«Nueva Derecha». ¿Una discusión semántica, conceptual?

-No es debate semántico ni conceptual. Son sólo ex derechistas que quieren pasarse al otro bando en busca de lo de siempre, votos. Yo la llamaría «vieja izquierda». Las mismas propuestas con otro nombre.

-Algunos elucubran que Hinzpeter observa el 2013.

-Por supuesto, es obvio. Por eso encuentra «injusto» que Golborne lo aventaje en las encuestas.

-¿En la «nueva derecha» cabe declararse pinochetista?

-Llaman «pinochetismo» a la defensa de la obra del Gobierno Militar, que fue el que realmente le cambió el chip a nuestro país. Pinochet fue el Presidente más importante del siglo XX y, si me apuran, comparable a O'Higgins y Portales, en cuanto a la trascendencia y permanencia de los cambios que introdujo en el país.

-¿Usted es de la derecha de antes, de la nueva o de la del porvenir?

-Yo soy de la derecha sin apellidos. Históricamente me siento interpretado por el Partido Conservador, que desgraciadamente desapareció en los años 60, también porque sus líderes se fueron hacia el centro, la DC.

-¿Qué extraña de la vieja derecha?

– En el aspecto valórico se han cedido muchas posiciones. Por nombrar un ejemplo: la familia tradicional y en el matrimonio. Se aceptó el divorcio con disolución de vínculo, ya se habla de uniones de hecho. En la propia franja del Presidente aparecían los gays como una institución de la sociedad. Todo eso contradice el ideario de derecha.

-¿Malo hablar de homosexuales y uniones de hecho?

-Lo malo está en que se debilita la familia tradicional. Y no nos extrañemos de ver tanta juventud descarriada, porque el hogar, donde se mantenía una línea de buena conducta, está desapareciendo.

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