El impensado tesoro de la ministra Benítez: la muñeca que le regaló Allende

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La titular del Medio Ambiente ventila su historia privada

Ex mandatario le obsequió la figura de porcelana cuando María Ignacia nació. Su abuelo era íntimo con Salvador.

María Ignacia Benítez, la ministra del Medio Ambiente, no tiene problemas para referirse a detalles domésticos que han modificado su rutina luego de haber asumido en marzo pasado. «Aunque están los tres en la universidad, mis hijos igual me echan de menos, porque estaban acostumbrados a una mamá muy cercana. Eso se acabó», relata.-Los regaloneó mucho entonces.

-Es que no me gustaba que vieran tele, así que los sacaba a las plazas con sus triciclos o bicicletas, cuando estaban más grandes.

Benítez recalca que su hija menor, ahora de 18 años, fue la que más resintió este cambio. «Ella estaba en cuarto medio cuando asumí y de repente la iba a buscar. Eso se acabó», añade.

Reconoce que el accidente de las nueve estudiantes muertas en la gira de estudios del Colegio Cumbres en Putre, en agosto de 2008, marcó a su familia y sobre todo a la menor. «Fue muy marcador. Todos mis hijos estudiaron en ese colegio y yo fui delegada en todos los cursos», enumera.

-¿Recuerda cómo fue ese día? Su hija iba en la delegación.

-Viajaban en varios buses y ella me llamó temprano para saludarme y después más tarde para decirme que había habido un accidente y que no me preocupara. Pero cuando supo lo que realmente había ocurrido, me llamó desesperada para que la fuera a buscar.

-¿Fue duro lo que siguió?

-Al principio estábamos muy pegadas, dejé de trabajar un buen tiempo porque la acompañé. Ella hizo de contención para otras amigas y al final terminó bastante derrumbada. En ese contexto fuimos al sicólogo, estuvo un tiempo y salió adelante. El primer aniversario fue difícil, el quiebre más importante al tratar de volver a la normalidad fue cuando entró a la universidad este año, es una nueva etapa, un poco más fácil.

Otra de las singularidades de la ministra Benítez es que recuerda un regalo que le dio el expresidente Allende cuando recién había nacido. «Es una muñeca de porcelana, antigua, con el pelo rubio, vestido de marinera», precisa.

-¿Todavía la tiene?

-Bueno, sí, la muñeca existe, pero ahora es de mi hija.

-¿Cómo llegó a sus manos el juguete?

-A Salvador Allende lo recuerdo bien, porque soy la nieta mayor de mi abuelo materno. Él, Eduardo Pereira, fue compañero de colegio con el expresidente en los Padres Franceses de Valparaíso. Fueron muy amigos, fueron masones, entraron a estudiar medicina en la Chile y las familias se conocían. Mi abuelo fue radical y luego socialista y dirigió las campañas políticas de Allende.

-Entonces cuando usted nació sí que eran cercanos.

-Nací el 58 y recién había terminado una campaña, así que llegó con ese regalo. Yo era la primera nieta de mi abuelo y era muy regalona, por eso fue.

-Y la conservó.

-Es que tengo una caja repleta de mis juguetes que se los heredé a mi hija. Bueno, ella ya es grande. Ahora estamos esperando que llegue algún nieto, porque no tengo, para que siga con la tradición.

Mis hijos igual me echan de menos, porque estaban acostumbrados a una mamá muy cercana. Eso se acabó

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