Lalo Cortés cuenta cómo ganó el «Champion» más importante de su vida

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El jinete, dos veces campeón nacional de rodeo, superó una compleja enfermedad

Hoy corre por el Criadero Las Callanas, junto a Gonzalo Vial Concha.

Luis Eduardo Cortés (64 años), Lalo o Negro para sus amigos, dice que es un agradecido de la vida. Hace seis años le diagnosticaron cáncer de tiroides, que se extendió hacia los ganglios. En la cirugía le extirparon una cuerda vocal. «Estoy como los buenos cantores, cantando con una pura cuerda», bromea.
Por esa cirugía su tono de voz cambió y no puede gritar ni reírse fuerte. «Me cambió el sabor, me cambió la vida, pero ya estoy acostumbrado, ya estoy asumido», asegura.
 Cuatro años después, cuando pensaba que el cáncer había quedado atrás, le diagnosticaron un plasmocitoma óseo solitario en la costilla derecha. «Estuve complicado, pero no le aflojé nunca. Pasé cinco días en la UCI y me hicieron un trasplante de médula. Cuando uno obra bien siempre aparece una estrellita en el camino. Gracias a Dios apareció un buen doctor que supo cómo tratarme. Ahora estoy sanito, me siento bien», afirma.
Pese a todo, jamás dejó los caballos de lado. «Siempre me han gustado. Lo llevo en la sangre. Mi abuelo, mi papá, mis dos hijos. Nunca los voy a dejar. Yo empecé de petisero, luego me puse a correr. Pero siempre he sido arreglador de caballos. Me gusta enseñarles. Y fui dos veces campeón nacional».
La primera vez fue en 2001, corriendo junto a Juan Carlos Loaiza por el Criadero Santa Isabel. La segunda, en 2022, tras superar el cáncer de tiroides, fue campeón con Alfredo Moreno del Criadero Palmas de Peñaflor.
Hace un año, empezó a trabajar en el Criadero Las Callanas, propiedad de Gonzalo Vial. También son collera.
«Estamos trabajando con unos caballos nuevos, preparándonos para la nueva temporada que empieza el 15 de agosto».
¿La meta es otro título?
«Bueno, cuando uno corre lo único que quiere es llegar a Rancagua y ganarse el champion. Nunca me voy a olvidar cuando lo logramos con Juan Carlos (Loaiza). Es como tocar hasta el cielo, una cosa increíble. Se junta todo: caballos buenos, un compañero excepcional y que te salgan los novillos buenos. Después con Alfredo Moreno teníamos dos parejas de yeguas muy buenas. Y también se dio todo. Esos momentos no se olvidan. Te quedan marcados para la vida».
¿Se siguen viendo con Loaiza y Moreno?
 

«Claro, hay una amista personal, de la vida. Con Gonzalo Vial estamos recién partiendo. Hay mucho que trabajar ahí. Es un proceso lento afiatarse. Hay que acomodar los caballos y acomodarse con el compañero. Yo digo que en todo eso uno demora mínimo tres años. Porque las personas no son iguales. Es como el matrimonio. Tiene que fluir bien todo y pensar lo mismo. Porque si uno piensa distinto, es difícil acomodarse».

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