Los nostálgicos pagan lo que sea por restaurar sus «bicis» antiguas

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Ochenta mil pesos cuesta dejar tiqui-taca la añorable mini botada en el patio

De ser armatostes abandonados pasaron a objetos de culto. En Santiago casi no quedan, por lo que hay que buscarlas en algunos pueblos apartados.

La historia de Hans Alemany, un precoz restaurador de bicicletas antiguas, parte con una triste, sola y humilde mini ochentera abandonada en el patio trasero de la casa de su abuela. El inservible armatoste, candidato seguro a chatarra en la próxima limpieza general de la casa, tenía un mecanismo que le devanaba los sesos a Alemany.

«Yo no sabía por qué no se podía pedalear para atrás, hasta que después entendí que era porque tenía un freno de disco», recuerda. El misterio al poco tiempo se volvió obsesión y Alemany, hoy de 21 años, comenzó a buscar repuestos para resucitar la bicicleta, pero no tenía idea donde encontrar las piezas.

«Un día a la salida del colegio vi a una señora que iba en una mini tan impecable, que la detuve y le pregunté dónde la había armado. Así partió mi trabajo como restaurador», recuerda.

Alemany, sin saberlo, se colgó así del boom de las bicicletas antiguas, un nicho de consumo que de a poco va agarrando vuelo. «Hay muchos profesionales que por nostalgia tratan de recuperar las bicicletas que tenían de niño, lo que ha generado un after market cada vez más importante», explica el productor audiovisual de 39 años Rodrigo Onetto, unos de los clientes de Alemany.

«Yo restauré la mía porque me gusta la bici como medio de transporte ecológico, pero además porque no son estandarizadas como las modernas», cuenta Andrea Viera, profesora de 36 años . Es tal la demanda, que de ser armatostes, las bicis arrumbadas se transformaron objetos de colección que cuestan plata.

«En Santiago cada vez es más difícil encontrarlas, porque la gente de los talleres las repara y las vende o cobran muy caro por ellas», explica Alemany. De hecho los restauradores ahora las están buscando fuera de Santiago.

«Todavía quedan en regiones, pero sobre todo en los pueblos pequeños. No sé por qué, pero por ejemplo en San Vicente de Tagua Tagua hay muchas. Ellos tienen un cuento raro con las bicis, son como el Copenhague chileno», explica Eduardo Salazar, de la tienda especializada Nación Pedal.

Según explica Alemany, que tiene una colección de 30 joyitas de todas las marcas, el proceso de restauración es compartido.

«Ellos me dicen qué es lo que quieren y yo, en la medida que avanzo, les muestro el trabajo para que opinen. Muchas veces en el camino se van tentando y agregando cositas, como un foco, llantas blancas, etc.», cuenta.

En promedio una restauración demora dos o tres semanas, según el estado de la bici y la ambición del cliente (ver cifras). Entre los modelos más restaurados están las Caloi con asiento banano y las diferentes versiones de las minis, en marcas como Oxford, Bianchi o Vargas. La reina de todas, sin embargo, es la mini de CIC, esa que aguantaba dos pasajeros. Uno manejando sentado y el otro de pie sobre la parrilla.

Pura onda

El Bike Messenger chilensis

El referente más ondero del culto por los pedales es el Bike Messenger, un ciclista mensajero muy habitual en Manhattan. «En Chile algunos los imitan y usan sus ropas. Llevan ese sombrerito de visera corta, un bolso cruzado por la espalda, los pantalones tomados en los tobillos y usan una bicicleta aro 28 con piñón fijo y manubrio corto. Ellos tratan de rescatar esa vieja escuela del ciclismo», explica Eduardo Salazar, de Nación Pedal.

La «singlerización»

Una variante de la restauración es la «singlerización» de bicicletas. La idea, en este caso, es transformar una bicicleta aro 26 o 28 pistera en una urbana de paseo. «Se conserva el marco y el resto de las piezas, como el manubrio, el motor, las llantas y otros accesorios se le sacan para que pierda peso. Junto con eso se sacan los cambios y queda con un piñón fijo», explica Eduardo Salazar, de Nación Pedal.

25 mil pesos cuesta la restauración más básica que incluye armado y pintura.

80 mil pesos sale una restauración completa promedio.

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