La historiada vida de José Bandez, el delantero de Antofagasta que le marcó un golazo a la U en la Copa Chile
En 2018 tuvo la opción de ir a la Eredivisie de Holanda, pero contrajo dengue mientras esperaba la visa: pasó casi un mes hospitalizado y tuvo que rescindir el contrato.
«La noche después de mi gol a la U no pude dormir de la emoción, de no creerlo. Es muy grande la bendición que Dios me dio», cuenta José «Chino» Bandez, delantero de Deportes Antofagasta, autor de un golazo con que los pumas vencieron 2-0 a los azules. «Es algo que siempre le pedí a Dios, un gol así de lindo con el estadio lleno», afirma.
En la ida de los cuartos de final de Copa Chile anotó a los dos minutos de haber ingresado como suplente, una hazaña que ha repetido en sus ocho goles de este año. Sus compañeros lo alientan antes de cada partido: «Me preguntan cómo lo hago y me tiran tallas: me dicen el precoz del gol, jajajá. O que soy como Rodrygo del Real Madrid. Ese apodo me lo pusieron después del partido con la Unión Española, que hice el gol en la primera pelota que toqué. Es el año con más goles de mi carrera, pero el que menos minutos he jugado».
Bandez nació en Calabozo, estado Guárico, y desde niño jugaba fútbol en el barrio. A los 13 años habló con su madre sobre salir del pueblo para buscar una oportunidad. «Yo le decía a mi mamá que tenía que irme a otra ciudad para buscar un futuro mejor, darle a mi familia más estabilidad y ser futbolista profesional, que era mi sueño».
A los 14 se fue solo a Valencia para probarse en el Carabobo FC. Quedó seleccionado y un profesor del equipo lo recibió en su casa mientras esperaba un cupo en la villa olímpica de la ciudad. A los 15 subió al primer equipo y a los 16 debutó como profesional. Al tercer partido marcó su primer gol en esa condición.
En 2018 apareció la opción de ir a préstamo a la Primera División de Holanda. Bandez hizo la pretemporada en Fortuna Sittard y volvió a Venezuela para firmar la visa de trabajo. Mientras esperaba el pasaporte se enfermó de dengue: «Se me inflamó el hígado y estuve muy mal, a punto de necesitar plaquetas. Estuve casi un mes hospitalizado y después pasé más o menos otro mes recuperándome. Por esos dos meses sin entrenar tuve que rescindir el contrato en Holanda y volver a Carabobo. Me dio mucha tristeza, porque era algo que había soñado».
En 2019 llegó a Antofagasta, pero tuvo pocos minutos. Luego pasó por Rangers y, en 2021 por Copiapó. Allí entrenaba, pero en su primer semestre en el equipo no pudo jugar porque no estaba inscrito. «No lo podía creer. Me preguntaba para qué me habían hecho venir si no me inscribieron. Fue un momento muy duro. Llegó un punto en que pensé en devolverme a Venezuela, jugar allá o dejar el fútbol». Se aferró a su fe y recibió ayuda de un pastor y de un entrenador que lo preparó mientras esperaba. Cuando terminó la primera rueda lo inscribieron; volvió a jugar y la temporada siguiente aportó al ascenso de Copiapó, que venció a Cobreloa en la final.
Tras ese ascenso esperaba quedarse en Copiapó y jugar otra vez en Primera División, pero los clubes no llegaron a un acuerdo. «Yo tenía todo listo para irme a Copiapó. Ni siquiera había dejado mi maleta; tenía el número 11 preparado y el técnico y los utileros me estaban esperando. Pasaron los días, hasta que me llamaron para decirme que no pudieron llegar a un acuerdo. Eso me dolió mucho, porque había luchado por ascender y quería jugar en Primera División».
En 2023 se quedó en Antofagasta, donde tuvo pocos minutos, y luego fue a préstamo a Puerto Montt. Volvió en 2024 y tuvo continuidad, pero al año siguiente una fractura en la mano lo dejó cerca de tres meses fuera. En los momentos difíciles fue clave su esposa, Paula Rojas, con quien se casó en 2023. «Ella siempre ha estado ahí, apoyándome en todo momento, con esa fe en mí que a veces hasta uno mismo pierde», dice.
Este año tampoco comenzó como esperaba: no era titular y tuvo un par de lesiones. Aun así confiaba en que la segunda parte de la temporada sería distinta. «Yo siempre he estado esperando mi oportunidad. Le dije al preparador de arqueros: yo sé que Dios tiene un semestre, el que viene va a ser mío y Dios va a hacer cosas extraordinarias».
Su golazo ante la U y su buena racha de este año (8 goles en 540 minutos jugados, más o menos un gol cada 68 minutos) lo tienen con esperanzas de dar el salto que ha buscado durante su carrera: «Mi sueño es jugar en Primera División el próximo año. Es lo que quiero, lo que siempre he anhelado. Cada vez que he tenido la oportunidad no se pudo dar, algo me la ha negado», resume. Con Deportes Antofagasta está cerca de lograrlo: el equipo marcha cuarto en la Primera B, 41 unidades, en puestos de clasificación a la liguilla de ascenso a Primera.