Un sociólogo, un informático y un publicista analizan el fenómeno
El sociólogo Dante Castillo dice que existe una tendencia cognitiva y social a percibir a entidades no humanas, como softwares, algoritmos, chatbots o robots, como si poseyeran mente, empatía, voluntad, conciencia y estados emocionales.
A fines de 2023, una modelo llamada Emily Pellegrini irrumpió en Instagram. En su perfil se describió como una persona divertida, de 23 años, residente en Los Ángeles, Estados Unidos, y fanática de los viajes.
Pocos meses después, su creador, quien nunca ha querido revelar su nombre, confesó su origen al diario «Daily Mail». «Le pregunté a ChatGPT cuál era la chica ideal para el hombre promedio y me respondió que tenía el pelo castaño largo y piernas largas, así que la hice exactamente como la describió», contó.
También relató que, a través de mensajes directos en Instagram, distintos famosos, como futbolistas y tenistas, la invitaban a viajar a Dubái. «Creen que ella es real», dijo.
En España existe Aitana López, una modelo fitness de cabello rosado que entrega consejos de belleza y ejercicios saludables. En Chile, la agencia Studio Aberrantes creó a Josefa Sorel, una influencer de 25 años que viaja, sale a restaurantes, asiste a conciertos y comparte sus vivencias en un podcast. Habla de temas tan reales como las relaciones familiares y las red flags que se activan cuando conoce a un hombre.
«Cualquier persona puede crear una modelo con IA. Hay distintas empresas, como OpenAI, Anthropic y DeepSync, que ponen a disposición distintos modelos de generación de imágenes, videos y texto. Obviamente, hay que pagar para generar una influencer, pero no existe ninguna restricción», explica Jorge Anais, doctor en astroinformática y académico de la Facultad de Ingeniería e Informática de Duoc UC.
Contenido irreal
El publicista y académico de la Universidad Católica Ignacio Besnier reconoce que el uso de modelos creados con IA es un tema que se conversa frecuentemente en la industria de la publicidad.
«Creo que detrás hay quizás un tema de ahorrarse trabajo. Ahí podemos cuestionar un poco también el tema de pagar derechos, de usar a las personas», dice.
Llama la atención que tienen muchos seguidores, que incluso les comentan sus publicaciones.
«Yo creo que no leen que en sus perfiles está declarado que es generado con IA y piensan que es una persona. Aquí es donde podemos discutir qué tan reales son los influencers de carne y hueso. Es un tema conversado que lo que se muestra en redes sociales no es una vida real. Tienes gente que a los 20 años lo único que hace es pasarlo bien, viajar por el mundo y tener contratos millonarios, pero al final su vida no es eso, no es una realidad. Eso es sabido y la gente igual los sigue y los repostea. Entonces podríamos ir más allá de si el personaje es real o no es real, porque el contenido que está mostrando también es ficticio».
Legislación
Jorge Anais repara en la importancia de declarar siempre en los perfiles que se trata de un producto generado con IA y cuestiona que en Chile no exista legislación al respecto.
«Si nosotros hacemos un modelo con IA, teóricamente lo podría ocupar cualquiera», analiza.
Besnier complementa que en Japón y Corea del Sur están más avanzados al respecto.
«Se registran los procesos. Tienes que demostrar que la mayoría de los prompts (para crear a la figura con IA) los hiciste tú. Que generaste el proceso sin ocupar como referencia a una persona real o sin haber subido una foto y pedido cópiame a esta persona. En esos prompts se definen hasta las manchas que tienen en la textura de la piel. Entonces tú dejas seteado que tiene una mancha en el lado derecho y después puedes replicar la historia y los videos usando los elementos particulares de la persona que estás diseñando».
Antropomorfismo
El sociólogo Dante Castillo, académico de la Facultad de Humanidades de la Usach, afirma que, en el marco del desarrollo de la IA, actualmente se habla de «antropomorfismo tecnológico».
¿Qué significa eso?
«Existe una tendencia cognitiva y social a percibir a entidades no humanas, como softwares, algoritmos, chatbots o robots, como si poseyeran mente, empatía, voluntad, conciencia y estados emocionales. Esto ocurre por la capacidad de la IA para generar lenguaje fluido, responder de forma coherente y simular empatía. De esta forma, el cerebro humano activa de manera automática los mismos esquemas cognitivos que utiliza para interactuar con otras personas».
Pese a que la gente sabe que no es real.
«Sí. Por esta última razón, la sociología acuñó el concepto de relaciones parasociales, para describir cómo los usuarios más jóvenes forman vínculos afectivos o de apego hacia asistentes virtuales o chatbots conversacionales, llegando a tratarlos como amigos, confidentes o consejeros emocionales».
Castillo explica por qué las empresas buscan vincular sus marcas con influencers generados por IA.
«Se asegurarían un hipercontrol de la imagen y de la identidad de este personaje, pues en la cultura del consumo contemporánea, la gestión del riesgo comunicacional es prioritaria: un influencer humano está sujeto a la contingencia de la subjetividad, la obsolescencia biológica, las controversias públicas o las transgresiones morales que fracturan el capital de marca. La entidad sintética de una IA opera como un simulacro sociotécnico perfectamente predecible y maleable. Esto permite a las empresas o corporaciones empresariales programar cada rasgo, hábito o discurso, de acuerdo con los ideales estéticos y normativos del público objetivo».


