También está imputado por apremios ilegítimos contra un reo que murió
En Santiago 1 le decían el Chancho Seis. Tanto internos como gendarmes le tenían miedo.
Hubo un momento particularmente duro este lunes durante la formalización de Álex Vega Torres (47 años) y su esposa Grace Bascur Villarroel. La fiscal Tania Mora, especializada en Focos Penitenciarios, estaba mostrando fotos de la autopsia de Rodolfo Muñoz Morales, reo que murió a consecuencia de una golpiza que recibió de dos gendarmes en Santiago 1, en enero de 2018.
Vega Torres, histórico ex dirigente de la Asociación Nacional de Funcionarios Penitenciarios (ANFUP) e imputado por la muerte de Muñoz, mantuvo su mirada fija en la pantalla de la sala 604 del 12 Juzgado de Garantía de Santiago. No pestañeó ni hizo ningún gesto mientras la fiscal enumeraba cada lesión que sufrió el interno de Santiago 1.
También se mantuvo impertérrito mientras Mora y el fiscal Marcos Pastén relataban cómo se convirtió en el temido Chancho Seis, como le decían al interior de Gendarmería. Su esposa, funcionaria del Departamento de Administración de Educación de la Municipalidad de Cerrillos, fue formalizada por lavado de activos en la misma audiencia.
La mafia
Vega se acogió a retiro en mayo de este año, un mes después de que Gendarmería pasó a depender del Ministerio de Seguridad y se disolvieron las organizaciones sindicales de la institución. Llevaba nueve años como dirigente, un rol que, según el Ministerio Público, usó para comercializar productos ilícitos en Santiago 1, donde trabajó durante 16 años en los módulos 19 y 20.
El ex dirigente fue formalizado por cohecho y lavado de activos. De acuerdo con el relato de la Fiscalía, lideraba una estructura autodenominada La Mafia de Santiago 1. Por su rol sindical no cumplía horarios y tampoco podía ser transferido sin su consentimiento a otro penal.
Siempre andaba con un bolso verde. Al menor asomo o intento de revisión de sus pertenencias -como sí lo hacían con sus compañeros- Vega alzaba la voz y amenazaba con realizar una jornada de reflexión en la cárcel. Los jefes sabían que eso significaría un día en que contarían con muy poco personal para trabajar.
En el bolso verde -dijo el Ministerio Público- el sujeto ingresaba productos prohibidos, celulares, cargadores, chips, un ítem conocido como la Feria -con alimentos como arroz, fideos, paltas y tomates- y comida de delivery. Todo eso se lo vendía a los internos a través de dos «mozos», también reos de la cárcel.
Los «mozos» no podían negarse a sus requerimientos. Vega los amenazaba con hacerlos caminar «cargados» con productos prohibidos para detenerlos y castigarlos. Lo mismo ocurría -siempre según la acusación- con los reos a quienes les pedía «prestadas» sus cuentas rut para recibir transferencias. En esos casos les anunciaba que los cambiaría de penal a uno donde sus familias no los pudieran visitar.
Algo similar ocurría con sus pares gendarmes. Había amenazas de traslados a recintos alejados, pero si colaboraban con él, Vega era generoso. A fin de año los invitaba a un día de piscina con asado incluido.
Los valores
Todas las acusaciones contra Vega están respaldadas por testimonios de reos que siguen en prisión y por gendarmes que fueron detenidos y formalizados en diciembre del año pasado.
Los valores de los productos dentro de una prisión pueden llegar a ser increíblemente caros. En esa escala, las tarifas del ex dirigente estaban fijadas: $300.000 por un celular, $50.000 el cargador, $10.000 el chip. Una botella de una bebida alcohólica repartida en botellas plásticas de 600 cc aplastadas costaba $100.000, el whisky $150.000, un paquete de menos de un kilo de carne sellado al vacío $80.000, un kilo de arroz $50.000.
A ciertos internos los dejaba traficar droga dentro de la cárcel. Debían pagarle $1.500.000 mensuales para que él no los molestara. También vendía pases para encomiendas a $150.000, permisos de visitas -para extranjeros irregulares que, por no tener Rut, no se pueden enrolar en el sistema- e incluso comercializaba encuentros sexuales en un baño del penal.
Cuando había allanamientos, Vega les revendía los productos a los mismos reos. Aunque a veces les avisaba a sus protegidos para que pudieran esconder sus cosas.
Las ganancias
El ex gendarme tenía siete cuentas bancarias. Sus cobros eran en efectivo y jamás hablaba de sus negocios ilícitos por WhatsApp. Los dineros también se transferían a las cuentas de su señora. El fiscal Pastén contó que cada uno ganaba entre $1.000.000 y $1.300.000 en sus respectivos trabajos. Él, además, recibía una asignación de $800.000 como dirigente sindical.
Por eso, cuestionó que dentro de sus cuentas la pareja sumaba más de $131.000.000 sin justificativo alguno.


