Bioquímica Úrsula Wyneken recién prepara su retiro gradual tras décadas de investigación
A los 72, el ingeniero Miguel Alfaro sigue almando de su empresa: No conjugo el verbo retirar.
«Siempre he dicho que el próximo año me jubilo y así pasa otro año más. Pero ahora ya estoy en el proceso de retirarme», cuenta la bioquímica y doctora en Ciencias Biomédicas Úrsula Wyneken, de 73 años. Como académica de Neurociencias en la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes -e investigadora del Centro de Investigación e Innovación Biomédica- estudia el comportamiento del cerebro y busca desarrollar un examen de sangre para mejorar el diagnóstico del trastorno bipolar y la depresión.
¿Por qué seguir trabajando después de los 60 años?
«Hay dos factores entrelazados. Uno, tenía la salud compatible para seguir exigiéndome, porque en este trabajo hay mucho estrés; yo hago docencia e investigación, donde hay que postular a proyectos concursables. Y dos, por la motivación: estoy entusiasmada e involucrada con mi trabajo. He estado con muchos proyectos, con ganas de seguir creciendo y no te das ni cuenta de que pasaste los 60 años. Pero ahora ya me di cuenta porque voy a cumplir 74 años y ya los siento».
¿En qué lo siente?
«En que la capacidad física va disminuyendo estando sana. Por eso mismo, trabajo más desde la casa principalmente, no salgo tanto y me cuido más. Como hago harto trabajo intelectual -crear ideas, analizar datos- necesito una oficina tranquila y a veces eso se logra en mi casa».
Para no sufrir un retiro tan brusco, de trabajar toda la semana a quedarse de frentón en su hogar, optó por un retiro flexible y más suave: «Estoy este año y el próximo trabajando media jornada, porque aún soy responsable de algunos proyectos y de estudiantes. No me da pena, porque confío en el equipo que queda. Tengo que soltar el trabajo y hacer otras cosas que igual me hacen bien; participo en un coro y hago gimnasia. La gente tiene que sentirse ocupada y con una meta en la vida: sin eso se apaga muy rápido y es algo que hay que ir formando desde temprano».
¿60 años son una buena edad para jubilarse?
«A los 60 años estamos muy jóvenes. Creo que si uno está sano, seguir trabajando tiene sus ventajas: aumentan tus fondos económicos para jubilarte y te mantienes vigente al estar en contacto con los jóvenes. Yo tengo amistades que se jubilaron y se enredan con el computador o el celular; yo sé estacionarme en lugares con una aplicación. El problema es cuando hay que seguir trabajando y no te gusta lo que haces».
No al retiro
A sus 72 años, el ingeniero civil Miguel Alfaro sigue muy activo laboralmente. Viaja regularmente entre Chile, Perú y España para supervisar el funcionamiento de su empresa GoodRabbit, especializada en soluciones tecnológicas para la gestión de recursos humanos. Mientras algunos de sus pares ya jubilaron, él sigue revisando su correo electrónico a diario y hace llamadas comerciales para generar nuevos negocios.
En sus planes no está jubilar: ha sumado a sus hijos al negocio y él asumió el rol de CEO. «Jubilar viene de júbilo. Y qué más júbilo que mis hijos encaren la dirección ejecutiva de los emprendimientos abordados durante mi vida. Ni por asomo se me pasó por la cabeza dejar de seguir acá», admite.
Alfaro explica que con este traspaso busca estar presente para aconsejar empresarialmente a sus hijos, pese a que igual su rutina de trabajo es 24/7, sea Chile, Perú o España: «Me conecto, leo los correos electrónicos, respondo WhatsApp y comunicaciones varias, hago llamados comerciales. Para mí es sencillo usar la tecnología; por mi formación aprendí lenguajes de programación y de pronto llegaron los smartphones con sus aplicaciones de todo uso, entonces fue natural usarlos. Con los años he visto cómo cambia la forma de trabajar: desde las bandejas de madera de tres entradas para recibir, procesar y despachar correspondencia en los años 80 a cambios tecnológicos brutales como programar en Fortran IV, Cobol o Languages 4GL, y ahora hacer un agente con inteligencia artificial. Una locura».
¿Qué le gusta más para hacer negocios: mail, WhatsApp, llamados o reunión?
«Acá se me nota el boomer, porque empujo las reuniones presenciales: es ahí donde se generan las confianzas que luego pueden terminar en un contrato».
¿Piensa jubilar?
«No, mientras tenga claridad cognitiva no conjugo el verbo retirar. Obviamente la salud es importante y cuando estamos en Chile visitamos a todos nuestros médicos de cabecera para un control de niño sano, que en nuestro caso es de viejo sano».
Nuevo despertar
Para Natalia Zúñiga, directora de marketing de Randstad Chile, Chile vive un hito demográfico y laboral sin precedentes: la muerte definitiva del mapa de vida lineal del siglo XX (estudiar, trabajar 40 años seguidos y jubilar para pasar a la inactividad absoluta). «Cruzar la frontera de los 60 se ha convertido en un nuevo despertar. Los adultos mayores cuentan con la energía, libertad y madurez perfecta para seguir aportando valor», subraya. ?Eso choca con una realidad laboral donde las planillas son extremadamente jóvenes, apunta: «Casi 7 de cada 10 trabajadores tienen menos de 45 años, mientras los mayores de 62 o más representan apenas entre 5% y 8%». Sin embargo, muchas empresas están reteniendo a sus trabajadores senior que ya forman parte de planta, «debido a la confianza construida y al temor de perder el know-how crítico del negocio». ?Más que una profesión específica, detalla, cuando se apela al conocimiento las empresas están más abiertas a trabajar con adultos mayores: «Ahí aparecen oportunidades en consultoría, asesoría especializada, educación y formación, mentorías, servicios profesionales, áreas comerciales o de relacionamiento con clientes y determinados roles técnicos». Para facilitar la continuidad laboral del talento sub-80, sugiere formatos flexibles (contratos por proyecto, dedicación parcial o retirada por fases), evaluando el desempeño por resultados y no por la presencialidad.