El periodista deportivo de 55 años se internará en las próximas semanas
Se someterá en la clínica Beond a una terapia con ibogaína. Actúa sobre algunos sistemas de neurotransmisores, lo que ayuda a reorganizar las redes cerebrales, explica el siquiatra Fayzan Raab, de la Universidad Emory, de Atlanta, Georgia.
Una de las cosas que tiene clara Fernando Solabarrieta (55) es que «me quiero curar», como dijo en «Plan perfecto». El periodista reconoció una recaída en su tratamiento contra la adicción, hace un par de semanas, que quedó en evidencia cuando se presentó en mal estado en el programa «Sin filtros». En este panorama, el profesional se prepara para viajar a México e intentar con el mismo tratamiento que tomó Presley Gerber, el fallecido hijo de Cindy Crawford, en otro de estos centros.
La clínica Beond, donde irá Solabarrieta en las próximas semanas, se presenta como una «ayuda para restaurar y optimizar la función del cerebro y del sistema nervioso, a través de la medicina de la neuroplasticidad». Para eso usan varios medicamentos sicodélicos. El conductor tomará el plan de tratamiento con ibogaína para dependencia química y adicción conductual.
Para hacerse una idea sobre en qué consiste la terapia, el siquiatra Fayzan Raab, de la Universidad de Emory (Atlanta, Georgia) e investigador del tratamiento con sicodélicos explica que: «La ibogaína es un compuesto natural que se encuentra en las raíces del arbusto africano iboga. Se ha utilizado durante siglos en ceremonias espirituales y curativas. Los últimos años ha despertado el interés de las comunidades médica y científica por su potencial para tratar la adicción a los opioides y la cocaína».
¿Cómo actúa?
«Actúa sobre algunos sistemas de neurotransmisores, lo que ayuda a reorganizar las redes cerebrales. Altera ciertas vías neuronales durante la administración de la ibogaína. Se produce un viaje que es muy personal. Puede durar de cuatro a seis horas y pasa por distintas etapas que van desde lo visual o más introspectivo. Eso provoca que de inmediato se frene el consumo».
Carlos Silva Rosas, profesor titular de neurología del hospital clínico de la Universidad de Chile, aporta que «como las drogas alucinógenas, actúa a nivel de lo que es la dopamina. Las alucinaciones vívidas y el viaje dependen del inconsciente y la estructura de la personalidad. Por eso se emplea para trabajar la depresión, el estrés postraumático y adicciones. En Chile, Estados Unidos y varios países está prohibido su uso». Y agrega que «toda esta liberación de ibogaína en distintos neurotransmisores se libera también a nivel sistémico y puede tener riesgo de infarto».
Solabarrieta está esperanzado en probar la terapia en Beond. Ya hizo la entrevista de admisión y se realizó los exámenes que pide, incluido unos estudios al corazón.
Si le dan el cupo, el comentarista deportivo estará internado de 10 a 14 días. Esos son el pie inicial para frenar el consumo y trabajar la abstinencia. Además de someterse a la medicación hará terapia siquiátrica, sicológica, de grupo y otras sesiones más holísticas.


