Es como las de los indios norteamericanos
Llevamos 15 meses viviendo acá y estamos de lo más cómodos, dice Juan Francisco Palma.
Basta pararse en el kilómetro 11 del Camino a Farellones y mirar hacia los cerros del sur para divisar un tipi, o mejor dicho una gran carpa cónica, igualita a las que usaban los indios dakota de Estados Unidos, instalada entremedio de los árboles. Claro que llegar a ella no es tan fácil. Hay que subir 200 metros hacia el cerro, atravesar un puente colgante y volver a subir otros 100 metros más.
Arriba están Juan Francisco Palma, un ecólogo y paisajista de 28 años, y su polola francesa Cécile Troubat, de 26. «Llevamos 15 meses viviendo acá y estamos de lo más cómodos. No nos falta nada», asegura él, quien después de viajar durante cuatro años por Oceanía, Asia y Europa, decidió volver a Chile y construir un tipi de cuatro metros de diámetro por cuatro de largo. La idea es vivir con lo básico. De hecho, no tienen ni auto.
La idea partió cuando se enamoró de Cécile en Nueva Zelanda. «A la semana de conocernos y estar juntos, ella se tuvo que ir al norte, pero se arrepintió y volvió a buscarme. Cada uno dejó sus planes y nos compramos una van para salir a recorrer. En ese viaje nos tocó vivir en un tipi. Y fue tan buena la experiencia, que cuando llegué a Chile, a este terreno de mis papás, construí uno con lona impermeable y nueve palos de madera. Es fácil de armar, de mover, es amplio y no genera gastos ni las complicaciones de una casa».
-¿Qué les cabe?
-La cama, una cocina, las verduras que sacamos del huerto (que tienen al costado), estantes con libros, una estu


