Guillermo Colima trabaja en un área casi sin presencia masculina
Si bien representan una proporción menor respecto de las mujeres en este nivel educativo, su presencia es valiosa, destacan en Fundación Integra.
Hace cuatro años el diseñador gráfico Guillermo Colima (32) trabajaba en un banco de Villa O'Higgins, pueblo de unos 600 habitantes en la Región de Aysén. Entonces no imaginaba que su vida en la Patagonia, donde llevaba dos años, iba a dar un completo giro laboral.
Un dato importante: Villa O'Higgins es una zona muy aislada -‘se llega en un viaje de 40 minutos por avioneta o dos días de viaje en auto', explica Colima- donde cuesta encontrar trabajadores en distintas áreas.
Eso terminó influyendo en su decisión: el jardín infantil Hielito Azul necesitaba un auxiliar de servicio y no había posibilidad de contratar a una persona que llegara en el corto plazo; así le surgió la idea de presentarse al puesto como reemplazo, y habló con la directora. ‘Me llamó la atención la idea de trabajar en un jardín; para mí fue un desafío, no conocía a muchos hombres que trabajaran en el rubro', admite. ‘Me tocó apoyar dentro del horario de almuerzo, en la jornada de juegos que tienen'.
La labor educativa no le era ajena y ya conocía algo del trabajo. ‘Mi mamá es educadora de párvulos y tuvo un jardín con rol Junji; ella me fue interiorizando del área de educación', aclara.
‘No recibimos hombres'
Tras recibir comentarios positivos sobre su trabajo -‘una educadora me decía que tenía buen control de sala'- Guillermo terminó el reemplazo, retornó a Santiago (a la comuna de San Miguel, de donde es originario) y entró a estudiar Técnico en Educación Parvularia en un instituto profesional.
Ya titulado, en la capital se encontró con obstáculos para encontrar empleo. ‘En algunas partes me decían no recibimos hombres', recuerda.
Las cifras oficiales dan cuenta de la baja presencia masculina en jardines infantiles: según datos de la Subsecretaría de Educación Parvularia, un escaso 0,31% de quienes ejercen como educadores y técnicos de párvulo son hombres.
Tras pasar por varios establecimientos haciendo reemplazos, la directora del jardín Osito Panda le pasó el contacto de Guillermo a la encargada del jardín Las Palmas, en El Bosque; ahí ya lleva un año y trabaja con 21 pequeños del grupo medio mayor, entre tres y cuatro años. ‘Me encargo de la asistencia de los niños, del aprendizaje continuo. Ahora estamos con una nueva modalidad que es la educación transformadora, donde dejamos que el niño sea protagonista de su aprendizaje', comenta.
¿Cómo lo recibieron los papás? ‘Súper bien. Soy el único hombre que trabaja en el jardín y he recibido mucho apoyo de su parte. También me siento súper acogido por el personal, por las compañeras, todos acá me ayudan un montón. Es un aprendizaje continuo día a día', define Colima.
Hoy también se dedica a sus estudios de Psicopedagogía y a su hija de tres meses, a quien espera poder llevar pronto al jardín. ‘Me proyecto seguir trabajando acá y fortalecerme con otras carreras que puedan apoyar mi labor en sala', reflexiona.
Carrera femenina
Según el portal Mifuturo.cl, del Mineduc, durante 2024 se titularon 2.547 mujeres y solo seis hombres como técnicos en educación parvularia en institutos profesionales. En las universidades el panorama no es distinto: el mismo año, de la carrera Pedagogía en Educación Parvularia se titularon 1.432 mujeres y apenas dos varones.
En Fundación Integra, que gestiona 1.200 salas cunas y jardines, trabajan en sala 74 varones en total, tomando en cuenta técnicos, conductores, animadores y auxiliares.
‘Si bien representan una proporción menor respecto de las mujeres que se desempeñan en este nivel educativo, su presencia es valiosa y contribuye a enriquecer los equipos pedagógicos desde la diversidad de experiencias y trayectorias', destaca María José Pérez, directora nacional de Educación de Fundación Integra.
La institución promueve que se abran más espacios. ‘Aunque la participación masculina continúa siendo menor, observamos un interés creciente por visibilizar que la Educación Parvularia es un espacio donde hombres y mujeres pueden desarrollar su vocación y aportar al bienestar, aprendizaje y desarrollo integral de niños y niñas', sostiene la directora.
‘Experiencias como la de Guillermo permiten mostrar que existen hombres comprometidos con la educación de la primera infancia, y que su presencia aporta nuevas referencias y perspectivas a las comunidades educativas', concluye.


