El término de GH pilló a ese canal. Lo reemplazó con un salpicón prime.
Finalizó la primera temporada de la versión local de «Gran hermano» y… antes de seguir, una aclaración que considero importante porque no me gusta que le mientan a la teleaudiencia con falsas informaciones para hacer pasar un éxito moderado por algo más.
En un momento dado tanto los conductores como los jugadores de ese reality show empezaron a insistir majaderamente en que estábamos presenciando la segunda temporada del proyecto. Eso nunca pasó. Para que hubiera existido una primera temporada esta tendría que haber arrojado un ganador o una ganadora, lo que no ocurrió antes, sino ahora.
Sigo. Finalizó la primera y única temporada de la versión local de «Gran hermano» y Chilevisión quedó volando sin instrumentos en materia programática. Nunca se pusieron en el escenario de que un día no iban a transmitir más el despótico trato de Coni Capelli hacia sus «amigas» Viviana y Scalette o los arranques de furia de la Pincoya contra la voz de «GH» y lo discriminada que se sintió siempre, entre otras joyitas.
El anunciado estreno de la teleserie turca «Relaciones peligrosas» no ha tenido la continuidad esperada: a las entregas del domingo (antes de la gran final del reality) y lunes les siguió este martes una repetición de «La divina comida», con tan mal ojo que no repararon que uno de los comensales era el colega Miguel Acuña, que hace poco fue sorprendido manejando su vehículo con alcohol en la sangre. Si hubiera sido un estreno absoluto habría sido un gol de mediacancha: la versión, los descargos y el mea culpa del querido periodista de Canal 13 y el rating explotaba. Pero lo exhibido ya lo vimos hace seis meses.
Lo que pudo haber hecho Chilevisión eran dos cosas muy simples:
1°, tener ya preparados algo fresco de algún programa calado (nunca supe por qué no siguieron con «Manos al fuego», que era un golazo. A la chilena, recatado, porque en la versión brasileña, «Teste de fidelidade», todo termina en una alcoba).
Y 2°, lanzar, al cabo de un mes y algo, «GH, la serie», una suerte de «Friends» criollo. Tenían todos los personajes ultraperfilados y reconocibles. Tres amigas (Cony, Scarlette y Vivi) llegan a vivir a una casa con su perro Bigote. En el condominio comparten con un matrimonio muy especial (Pancho y Jennifer), cuyo hijo (Sebastián) es un tiro al aire que no dejará de intentar conquistar a Cony.
Los demás personajes entran y salen, visitando la casa de las «reinas bellas». Ni siquiera había que hacer un libreto muy elaborado. Lo único malo es que las pausas comerciales habrían sido eternas. Malo para uno, bueno para el canal.


