Furtivo temblor en Vallenar: «Fue como vivir el terremoto del sur»

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Región de Atacama se estremeció el viernes, a las 11:52 horas

La triste historia de Eliana Ossandón, que perdió su casa con un sismo 5,9 grados Ritchter.

«Cuando empezó el temblor, pensé que era un terremoto y lo único que pedía era que no se me cayera la casita, como había visto en la tele que pasó en el sur, pero se me cayó igual», se lamenta Eliana Ossandón, una de las cuatro familias que perdieron su casa con el sismo 5,9 grados en la escala de Richter que sacudió el viernes a la Región de Atacama.

Vivía con ocho personas en Esmeralda 2306, de la Población Torreblanca de Vallenar, la ciudad más afectada por el fuerte temblor de las 11:52 horas.

«Mi hija que tiene tres meses de embarazo estaba con una bebé de un año seis meses dentro de la casa cuando empezó a temblar», cuenta todavía asustada. «Entré corriendo para sacarlas, salimos rápido, a nadie le pasó nada», recuerda. Estaba en el patio con su cuñado ciego y su hermana, justamente comentando que ya se cumplía un mes del megaterremoto.

Lograron escapar antes de que la casa, herencia de su madre, colapsara. Su dormitorio desapareció. «Fue como vivir el terremoto del sur. Esa noche dormí con mi hijo en la cocina, tiramos una colchoneta y dormimos acá afuera. Tengo mucho susto, no he dormido nada, pendiente de las réplicas. A mi hija la mandé a dormir donde los vecinos, que es más seguro», explica Eliana, de 49 años, madre soltera de tres hijos, con una nieta y otra que viene en camino.

Lo que quedó en pie lo derrumbó la municipalidad. «Estoy muy triste, porque mi casita se me cayó. Tenía dos piezas de cemento y atrás una mediagua que puse para ampliarla. Sacaron todo y pusieron otra en el patio, por mientras, para dormir», cuenta.

Las construcciones no resistieron. «Tienen más de 50 años, estaban apolillados los palos, son de los primeros vecinos que llegaron a Vallenar», dice la pobladora que no ha podido salir a vender el pan que amasa todos los días para mantener a su familia. «No tengo dónde hacerlo. Está todo lleno de tierra», explica. Su hijo mayor había conseguido trabajo en Concepción antes del terremoto, pero ahora se le cerraron las puertas en el sur, así que busca en el norte.

«Nos tendremos que arreglar en esta pieza que no tiene ni luz. De a poquito levantaremos otra casita», dice confiada.

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