El espacio laboral que armó en su casa pasó a ser la habitación de su hijo, Kai
Reconoce que le causó pena desarmar la zona donde grababa contenido, pero ahora disfruta salir de la casa y tener espacios de desconexión.
Cuando quedó embarazada, Valentina Caballero supo que la oficina que tenía en su casa debía transformarse en la habitación del nuevo integrante de la familia. «Mi departamento tiene dos piezas así que era evidente. Pero no quería soltar ese espacio, lo usaba todos los días y me dio mucha pena desarmarlo», admite, por lo que a sus seis meses de gestación, y con mucho relajo, movió los objetos.En esa zona laboral, la creadora de contenido grababa sus videos para YouTube, TikTok e Instagram (plataformas donde suma más de 5,3 millones de seguidores), además de guardar su maquillaje (ámbito que le genera muchas visitas en sus redes sociales), artículos de tecnología y objetos que le envían de diferentes marcas.
Una vez que la pieza de su hijo, Kai, quedó armada, Valentina se enfocó en encontrar algo cerca de su casa para no perder tiempo en los traslados. Para su suerte, justo se desocupó una oficina en el primer piso de su edificio y ella la arrendó sin pensarlo dos veces. «Fue demasiada la suerte. Si pasa algo, estoy a un ascensor de mi departamento», sostiene.
Esta semana, la modelo e ingeniera comercial ha bajado a grabar campañas, participar de reuniones, arreglarse para ir a eventos y además su marido, Sami Hamoudi, quien también trabaja desde la casa, le saca partido a la oficina.
En cuanto a la decoración del lugar, detalla que «quedó dividido en dos zonas. Por un lado está el maquillaje y todo lo de belleza que uso para hacer tutoriales, y luego hay una mesa para trabajar y un mueble con muchas secciones donde guardo todo el resto de los implementos que necesito, como trípodes y micrófonos».
¿Cómo evalúa esta opción de tener la oficina en su mismo edificio?
«Fue una súper buena decisión. Por ejemplo, cuando me conecto a una reunión, no tengo que estar pendiente de si Kai llora o necesita algo. Me puedo dar esos espacios de desconexión. Es un momento en que Sami o yo nos enfocamos en lo que necesitamos (laboralmente). Tampoco nos vamos cuatro horas seguidas, pero puedo bajar, me enfoco en lo que necesito durante una hora, luego subo y retomo mi rol de mamá».
¿Cómo ha sido volver a tener espacios personales?
«Muy necesario y rico. Por ejemplo, con Sami hemos salido a un par de eventos o voy al gimnasio a una clase que dura 50 minutos. Realmente es necesario tener esos ratos de desconexión y darse tiempo para uno. Me ha costado un poco y recién ahora que Kai tiene casi cinco meses hemos salido. Ir a un evento es una odisea porque él llora todo el rato sino está conmigo. Así que ha sido un aprendizaje: debemos adaptar a nuestro hijo para que se dé con otra gente y de a poco lo estamos logrando».


