Si un juez pierde su escaño, mediante remoción interna o acusación constitucional, el problema persistirá.
El escándalo que sacude al poder judicial no es un tema ideológico, es un tema de poder. No es la derecha o la izquierda, sino el sistema. Si un juez pierde su escaño, mediante remoción interna o acusación constitucional, el problema persistirá. Por lo tanto, parece ser evidente que la única forma de resolver el asunto de fondo tiene que ver con modificar el mecanismo usado para nominar a los miembros de la rama.
Si la jueza Vivanco pierde su escaño, mediante acuerdo del pleno o acusación constitucional, pero el sistema de nombramiento que la llevó a la Corte Suprema sigue funcionando, las consecuencias negativas seguirán. La empresa de favores seguirá funcionando como siempre ha funcionado, cortando la tela en el lugar y el momento preciso, con el solo objetivo de favorecer a los amigos de los amigos.
El desafío es entender exactamente dónde reside el problema. Es obvio que una tarea propia de la política es encontrar soluciones a problemas complejos. Por tanto, hay cierta legitimidad en hablar las cosas, incluso cuando ocurre en la informalidad. Pero de ahí a transar favores hay una brecha inaceptable. Y, lamentablemente, eso es lo que ocurre hoy, por el modo en que se nominan a los candidatos, lo segundo termina opacando lo primero.
Lo fundamental es que la clase política pueda encontrar una forma de marginarse de los conflictos de interés. Es importante que representantes electos puedan interpretar y canalizar las demandas y sensibilidades de los votantes, pero deben hacerlo dentro de un marco de total independencia, donde no se correlacionan los intereses específicos de miembros de poderes excluyentes.


