Es hora de reflexionar sobre esto. No cuando creamos que debe empezar el próximo ciclo mundialista en 2027, para la Copa de 2030,si no ahora.
En una reacción a mi anterior columna sobre la imposibilidad, en la práctica, de distinguir entre el comienzo del éxito y el comienzo del fracaso cuando se trabaja en la formación, lo cual nos obliga a realizar un esfuerzo permanente por el desarrollo de nuestros jóvenes, el sociólogo y entrenador de fútbol Rodrigo Figueroa me comenta lo siguiente. Lo transcribo porque me parece urgente dialogar sobre estos temas.
«A medida que pasaron los años, las malas prácticas institucionales y deportivas crecieron y el relato, si es que existió, sobre la gesta del triunfo se erosionó rápidamente y terminó siendo una fotocopia en donde nombrar las prácticas deportivas que llevaron al éxito se volvió algo irrelevante y, además, fueron reemplazadas por la importancia dada a los desempeños individuales de los deportistas. Todo esto se sintetizó en el título del relato: la Generación Dorada». En pocas palabras: se extravió el guion del esfuerzo colectivo que desencadenó los logros de la Copa América en 2015 y 2016, quedando el éxito circunscrito a un grupo supuestamente irrepetible de jugadores.
Sigue: «Mis abuelos dijeron exactamente lo mismo que hoy escucho en mi generación: volvimos a ser lo que éramos. Me temo que es lo que transmitiremos a las generaciones que siguen, quienes, a pesar de que sólo han vivido de triunfos, pronto adoptarán el relato de la derrota. Es una forma de gestionar la derrota, solo eso. Un ungüento para paliar el dolor».
¿Existe una naturaleza del fútbol chileno que lo condena para siempre a la derrota y la desesperanza deportiva? «No, al contrario, la historia de nuestro fútbol indica que podemos hacerlo mejor y el desafío es mantener ese deseo. Abordar tal desafío requiere contar con ideas, liderazgos, planes de trabajo, instituciones, evitar el cortoplacismo y el exitismo, respirar y no gritar, tener paciencia y no impaciencia, definir objetivos claros, inculcar valentía y rebelarse a la imposición del derrotismo. A días de haber clasificado al Mundial 2010, Bielsa definió que lo más difícil es gestionar el éxito. Tenía toda la razón, más aún en nuestra sociedad, maestros de la gestión de la derrota. La experiencia chilena ratificó la afirmación de Marcelo Bielsa, el éxito fue deformante y luego no hicimos nada para reproducirlo», agrega Figueroa.
Es hora de reflexionar sobre esto. No cuando creamos que debe empezar el próximo ciclo mundialista en 2027, para la Copa de 2030, sino ahora. Ahora y siempre, porque nunca vamos a saber cuándo comienza exactamente un nuevo comienzo y porque el fútbol chileno, a pesar de que sólo fue ganador en apenas dos temporadas de su centenaria historia, siempre se las arregló para competir con lo que tenía, con resultados aceptables, triunfos morales y ocasionales derrotas deshonrosas. Hay que hacer lo que hacían los de antes: tratar de competir sin bajar jamás la guardia ante la adversidad. Competir, competir y competir. Son múltiples escenarios, a todo nivel: los torneos del fútbol joven, las distintas categorías de selecciones nacionales masculinas y femeninas, los campeonatos locales y los torneos internacionales de clubes. Es la única manera de vencer al derrotismo.


